Retazos de historia de Marbella
y otras reflexiones

sábado, 28 de abril de 2018

El patrimonio histórico como oportunidad. Museos y otras necesidades






Leo que IU propone que el antiguo edificio de la Comandancia de Marina se convierta en museo del Mar y que el pleno municipal con los votos de la mayoría del PP lo ha rechazado. Es una vieja propuesta de IU que de forma recurrente surge para volverse a poner de actualidad.
Hace poco leí que el ayuntamiento sigue trabajando para ampliar el museo del Grabado. La verdad es que después de más de veinte años dándole vueltas al asunto me recuerda a Bill Murray como periodista en El Día de la Marmota que se despierta cada día sin que avance el tiempo. 



Relacionada con esta noticia surge de vez en cuando la rehabilitación del convento de la Trinidad como museo de la ciudad, ¡qué tiempos aquellos en los que Julián Muñoz decidió comprar las ruinas prometiendo su rehabilitación! Han pasado más de quince años y cada año, para cumplir la cuota política de promesas culturales, vuelve a darse la noticia de su inminente recuperación, incluso hubo un tiempo que se prometió un museo privado de arquitectura contemporánea, también se comentó la posibilidad de ubicar allí la colección de arte de un conocido promotor inmobiliario, del mismo modo se negó rotundamente su destino como museo por su escaso espacio para después afirmar rotundamente que el espacio es suficiente: cosas de la política.
Por último y como colofón a este movimiento museístico se anuncia el cierre del museo de los Bonsais para convertirlo en biblioteca, se justifica en que es el mejor lugar para una biblioteca, de hecho no hay mejor lugar en el mundo para una biblioteca. Es más, es imposible crear una biblioteca en un sitio que no haya sido antes museo del bonsái… y están fervientemente convencidos.




Hace muchos años ya, cuando estudiaba museología y museografía debatíamos con intensidad la musealización de la ciudad, la creación de espacios donde mostrar nuestro patrimonio. Nunca llegábamos a una conclusión clara y certera sobre la conveniencia de crear museos sin ton ni son, dudábamos si un museo debía crearse para dinamizar la cultura o que debían ser los movimientos culturales locales los que demandaran o sintieran la necesidad de espacios museísticos, en definitiva si debía de ser antes la gallina o el huevo.
De vez en cuando aparecía el concepto de industria cultural, es decir, un conjunto de actividades (empresariales, asociativas, artísticas, artesanales y comerciales) vinculadas a la propuesta museística para que ese museo, cualquiera que fuera, no quedara aislado, fuera de contexto. Un fracaso museístico más que podría acabar como monumento poco efectivo en la dinámica de la ciudad, sin apenas visitantes, sin vínculos con sus ciudadanos. Me gustaría saber cuántos marbellenses han visitado el museo del Grabado, incluso si saben dónde está y por abundar más si conocen que es una de las mejores colecciones españolas de grabado. Evidentemente las respuestas deben ser desoladoras, no hace falta mucha estadística para saber los resultados. Es el problema de la creación de espacios museísticos cuando no hay demanda, cuando se crean sin contar con la ciudad o se crean como oportunidad turística y no como necesidad cultural.





Pensamos en los visitantes foráneos antes que en los residentes, creemos que los primeros entrarán sin más en cualquier museo simplemente porque va a formar parte de la visita al casco antiguo. Pensamos que basta con abrir un edificio que se rotule como museo para que enriquezca la propuesta cultural.
Antes de decidirse por Málaga, Carmen Thyssen sondeó la posibilidad de establecerse en Marbella, se pensó en el cortijo de Miraflores porque era el único edificio que se acercaba a sus demandas, pero finalmente fue desechado por su pequeño tamaño. No había edificio histórico en la ciudad capaz de albergar la colección de la baronesa. Este hilo me sirve para enlazar con lo sucedido en la capital de la provincia donde se ha producido una auténtica eclosión museística en las dos últimas décadas, sin parangón en España que ha tenido como resultado la multiplicación del turismo pero ¿ha servido para aumentar el nivel cultural de los malagueños?.
El primero fue el Picasso, metido con calzador en varios edificios. Significó la recuperación de una zona bastante degradada pero cada vez que paseo por su entorno, no veo galerías de arte, ni librerías especializadas, ni espacios culturales para el debate, ni empresas que se dediquen a la gestión cultural, solo veo teterías, pizzerías y bares de tapas, bastante caros por cierto, con centenares de mesas que invaden los espacios peatonales. Es una visión peculiar de la cultura como ocio, como espacio de diversión más que de fomento de la cultura. Son nuevos parques temáticos donde la propuesta museística es una excusa para fomentar la terciarización de la ciudad, la de las empresas de dinero fácil, tan alejadas del fin cultural que terminan convirtiendo el museo en parte de un centro comercial.



Esto es solo una muestra de lo que pasa también en nuestro centro histórico, un problema que se va agudizando, que nos está dejando sin espacios para la cultura y los que quedan emergen como islotes rodeados de contaminación turística. Las mesas de los restaurantes que llenan la plaza de Tetuán, ahora del Practicante Manuel Cantos, impiden ver la puerta principal del Hospital San Juan de Dios, en verano es casi imposible acceder, lo mismo sucede con la ermita de Santiago, la Casa del Corregidor, la calle Misericordia, la de la Virgen de los Dolores, nuestros monumentos no son destinos culturales, son objetos turísticos.
No hay ni nunca ha habido una planificación cultural y museística, nunca se ha pensado en lo que los ciudadanos demandan, en sus necesidades. Se eligen edificios para museos solo porque son viejos edificios a rehabilitar y no para que su contenido tenga una museografía adecuada, se han elegido destinos museísticos no por la necesidad de mostrar nuestro patrimonio sino por la oportunidad política del momento, por lo que “viste” publicitariamente su nombre. El futuro y quimérico museo de la ciudad cabrá en 300 metros cuadrados.
Un antiguo profesor universitario afirmaba que el patrimonio no solo hay que cuidarlo sino crearlo también (entiéndase por ejemplo el museo Guggenheim de Bilbao y su efecto transformador de la ciudad). No hay que meter colecciones con bisturí en edificios insuficientes, ni mares océanos en sedes militares, hay que exigir la creación de entornos culturales con sentido común que es algo que jamás hemos tenido en Marbella.



martes, 17 de abril de 2018

EL MISTERIO DE LOS JUANES DE SIERRA BLANCA



Siempre me ha llamado la atención el nombre de nuestra montaña más simbólica: la Cruz Juanar y todos sus derivados, Juanar, Juanal, Juana, Juaná… me preguntaba el porqué de tan extraño topónimo y si podía tener algún significado pero no encontré nada. Seguí investigando y un día, como sin querer que es la mejor forma de encontrar respuestas, leí una Sierra de Juan Alnarejos relacionada con Marbella y que abarcaba lo que hoy conocemos por Sierra Blanca. Aparece citado en un documento titulado "Descripción de caminos y pueblos de Andalucía", fechado en 1744 que se encuentra en la Biblioteca Nacional y sacado a la luz por José Jurado Sánchez en el libro, Caminos y Pueblos de Andalucía (s. XVIII) publicado por Editoriales Andaluzas Unidas en 1989. 




Esta cita al tal Juan Alnarejos me hizo rebuscar por tan extraño nombre sin encontrar más que un par de alnarejos en toda España y algunos más altarejos que no parecían tener vínculo alguno con nuestra sierra.
Hace pocos días, por casualidad, volvió el tema a estar presente cuando me puse a recordar que no solo tenemos una Juana, sino una cañada de Juan Inglés en la cara norte de Juanar y acceso a Istán, un Tajo y puerto de Juan Benítez justo debajo de Juanar, un puerto de Juan Ruiz aún más al sur e incluso un cerro de Juana Díaz al Este de Ojén.
En mis indagaciones (llámense también comeduras de coco), descubrí que hay un Calar y peña de Juana y un cerro de Juan Cubierta en Cazorla y un pico de Juan Pérez en El Burgo. ¡Cuanta casualidad que todos estos que dan nombres a cerros, picos y puertos se llamen Juan o Juana!, además con sus apellidos. Sería tema zanjado o fácil de zanjar si acudiéramos a la explicación fácil del antropónimo: alguien en algún momento dejó su huella, de hecho en más de una ocasión se han creado leyendas sobre algún fulanito que se perdió y nunca más apareció en alguno de estos montes. No hay duda que en algún caso pueda deberse a alguien, generalmente propietario del terreno que deja su nombre estampado en la memoria. Sucede mucho con los huertos y cortijos pero hablamos de orónimos, zonas áridas exentas de cultivos y generalmente sin propietarios ¿Cómo es posible que un Juan Alnarejos de nombre a toda una sierra?




Para un historiador el estudio de la toponimia es una fuente inagotable de pistas, a través de ella pueden descubrirse importantes datos no solo desde el punto de vista arqueológico sino también como un proceso histórico. Sin embargo, para abundar en la toponimia es preciso ser filólogo; son quienes interpretan la etimología con la facilidad de su profesión. A ellos acudí porque en nuestro país hay muy buenos trabajos sobre toponimia y su significado. No encontré nada que pudiera relacionar el antropónimo “Juan” con accidentes orográficos, a veces nunca encuentras nada y es cuando el investigador entra en fase terminal, la del abandono temporal o definitivo de esa ilusionante línea de investigación que habías iniciado.
Pero hay que perseverar, la tozudez es virtud cuando está bien dosificada. Encontré dos pequeños trabajos del profesor de la Autónoma de Madrid, Emilio Nieto Ballester titulados “La toponimia de las fuentes en España: una nota sobre algunos resultados del Lat. Fonte”, Revista de Filología Española, 2000 y “Falsos antropónimos en la toponimia española: Fuente de Mariguantes, Alto de Maripez, Mariagua”, en la misma revista en el año 2013 y ¡EUREKA! Alguien hablaba desde un punto de vista científico de los juanes que abundan en España.
Su interpretación me sorprendió en un principio, lo atribuye a la expresión fuente o manantial, del latín fonte que en romance se convirtió entre otras en Juan, que se halla extendido en una amplísima zona de la España de habla castellana, que abarca la totalidad práctica de Castilla, Aragón y partes de Andalucía.



Copio literalmente un párrafo del artículo “Falsos antropónimos…” que lo explica con detalle: “El resultado guante, güente o su evolución fonética a partir del del lat. fonte es seguro y está presente en ejemplos del tipo Guanz (Loscorrales, Huesca), Os Guances (Gésera, Huesca), La Güente (Santa Coloma, La Rioja), Gobantes (Burgos), Otero de Naraguantes (Fabero, León). Básicamente se trata de un reforzamiento consonántico a partir de *huante, *huente > *uante, *uente, con debilitamiento de /f/ inicial. El resultado con aspiración está mejor documentado, pues son centenares los ejemplos del tipo La Juambuena (Castilforte, Guadalajara), Juan Cerrada (Cifuentes, Guadalajara), Fuente de Juan Podrido (Valdesaz, Guadalajara), La Juan Podrida (Barrachina, Teruel), Juan Seco (Alcaudete, Jaén), etc.”




Tras este descubrimiento, tocaba saber por qué nuestros orónimos son en realidad hidrónimos o, más bien, fuentes o manantiales. No hay más que mirar el mapa adjunto para apreciar con facilidad que Juanar es punto de partida de numerosos cursos de agua, es decir de nacimientos o fuentes, que justo al sur donde se sitúa el tajo de Juan Benítez surge otro manantial y lo mismo sucede en la cañada de Juan Inglés. Hace unos días paseaba por el puerto de Juan Ruiz y las últimas lluvias nos han dejado un precioso arroyuelo, con su cercana fuente, que llevaba años seco. Lo mismo sucede con el cerro de Juana Díaz desde donde brotan varios manantiales.

De Sierra Blanca nacen numerosas fuentes que alimentan ríos de corto recorrido que desembocan en la cuenca de Marbella. Muchos de esos manantiales se han perdido para siempre, de otros brota un pequeño chorro que a veces pasa desapercibido.
Que al menos con estos datos nos quede su recuerdo.

domingo, 15 de abril de 2018

TOMA DE LAS DIEZ NAOS INGLESAS SOBRE MARBELLA



La primera vez que lo vi fue en una mala reproducción en blanco y negro de un libro reeditado de otro del siglo XVIII, “Población General de España, sus Reynos y Provincias…” de Juan Antonio Estrada. Apenas se apreciaban unos barcos y una población al pie de un monte que se entendía era Marbella aunque no hubiera ningún parecido o indicio que era nuestra ciudad salvo que era puerto de Mar y que estaba fortificada.




La imagen corresponde a un fresco situado en la galería baja del palacio del Marqués en Viso del Marqués construido por el I Marqués de Santa Cruz don Álvaro de Bazán y Guzmán, capitán general del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal. Fue construido entre 1564 y 1586. Los muros y techos se hallan cubiertos de frescos de doble temática: por un lado, escenas mitológicas y, por otro, batallas navales y ciudades italianas relacionadas con la trayectoria militar del marqués y de sus familiares. 8.000 metros cuadrados de frescos manieristas elaborados por Giovanni Battista Peroli con Esteban Peroli y César de Bellis.​ Fue un espacio creado para exaltar sus virtudes militares.




Con el tiempo pude ver el fresco en color y en toda su amplitud. Mostraba un paisaje abierto con diversos accidentes geográficos pero lo más interesante era la cartela que explicaba lo recreado:
TOMA DE LAS DIEZ NAOS YNGLESAS SOBRE MARVELLA
“La santidad de Pío V pontificaba y en España reinaba Felipe II cuando Don Álvaro de Bazán, primero marqués de Santa Cruz, Capitán General de las galeras de su Majestad, estando invernando en el Puerto de Santa María fue avisado del corregidor y alcaide de la ciudad de Gibraltar cómo habían entrado en aquel puerto diez naos inglesas las cuales después de haber hecho consejo en su capitana habían querido sacar de él una francesa que estaba suelta disparándole mucha artillería la cual se defendió por la ciudad y fortaleza a cañonazos.
El marqués con toda diligencia hizo aprestar cinco galeras de las de su cargo, con que partió la misma noche la vuelta de Gibraltar de donde fue avisado que los ingleses salían ya del Estrecho y haciendo fuerza de remos las descubrió sobre Marbella y después de haberles requerido en nombre de su Majestad se le entregasen para castigo de haber quebrantado su real puerto no queriéndolo hacer poniéndose en orden de batalla la combatió y rindió y llevó presas a Gibraltar donde se hizo justicia de los culpados.
Túvose su Majestad por muy servido de tan buen suceso que es el que se muestra en este cuadro lo mejor que se puede”
.




“Lo mejor que se puede”, el fresco intenta narrar una batalla que se produjo en aguas cercanas a Marbella debido a un enfrentamiento sucedido en el Peñón de Gibraltar, 78 kilómetros de distancia que debían ser incluidos en un dibujo de dos metros de ancho y tres de alto de ahí que esa frase invite a pensar en las dificultades que tuvieron los pintores para su recreación. El resultado es una amplia vista de pájaro con Gibraltar y su bahía como motivo central, así lo explica Rosa López Torrijos (“Episodios de guerra comercial en un paisaje inédito de la Bahía de Gibraltar”) en Arte en tiempos de Guerra, CSIC, 2009. 

¿Y dónde se representa a Marbella? Pues curiosamente pese a ser la que titula la historia aparece alejada, en la esquina superior derecha, exenta sobre una pequeña península casi isla, a los pies de una pequeña sierra, la Blanca. Se representa por lo que alguien contó o quizás por algún dibujo o esquema, acaso es el recuerdo de su vista desde el mar de alguien que navegó cerca. Anton van den Wyngaerde la dibujó pocos años antes, en 1567, también a vista de pájaro pero desde el norte y bien pudo servir de modelo.




Lo cierto es que la ciudad entonces parecía estar aislada como un istmo por los dos riachuelos, el de la Barbacana y el Huelo que la rodeaban pero se exagera esta posición probablemente para destacarla en el fresco. Entre las murallas y el mar estaba el barranco de la Mar que era el fundamento defensivo de la ciudad: “Lo primero que la dicha çibdad es muy fuerte en sitio y de mucha calidad e importançia, la qual no se puede batir en manera alguna desde la mar, porque si los navíos de moros llegan cerca de tierra no la pueden coger por una barranquera que ay entre ella y la mar”.



El fresco muestra una ciudad amurallada, sin puerto, con altas torres que sobresalen intramuros y que parecen no caber debido a su gran densidad y aunque se considera una imagen estereotipada, copiada de otros modelos, coincide con lo que era entonces Marbella. La muralla sur tiene tres torres albarranas principales como las que existieron, la central correspondería a la de acceso a la Puerta de la Mar. El pináculo estilizado, que es la forma de representar la torre de la iglesia, se sitúa donde la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y a su derecha dos torres, acaso las de la puerta de Málaga o incluso las casas de don Alonso de Bazán que están junto a dicha puerta y que podría ser un elemento destacado en el dibujo por el parentesco de don Alonso con la familia del Marqués de Santa Cruz. Detrás destaca la torre más alta que concuerda con la del Homenaje en el Castillo que es la central que da a calle Portada y a su izquierda otra torre más que sería la de la Puerta de Ronda. A su lado aparece lo que puede ser una cúpula, probablemente la imagen de un templo con su torre campanario que bien podría ser San Sebastián o el Santo Cristo en el Arrabal, quizás ambos. Con una imagen más nítida es posible que se puedan identificar más o mejor otros edificios.