domingo, 21 de julio de 2019

LAS FOTOGRAFÍAS DE ROBERT GENE WILCOX




Cuando te encuentras con un documento gráfico inédito crees traspasar el alma de su autor a la vez que te trasladas al lugar del objetivo y su fecha. Buscas novedades, datos, quizá descubrir algo que nunca antes había sido apreciado.
Eso me ha pasado, con un punto de emoción, con el descubrimiento de ocho fotografías con el título “Marbella” fechadas entre 1956 y 1957 cuyo autor es Robert Gene Wilcox, un absoluto desconocido hasta que indagas y descubres algunas notas de su biografía.


Robert Wilcox (1925-1970) nació en Saint Paul, Minnesota. Después de servir en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial estudió en la Universidad de Minnesota graduándose en 1956. Trabajó como fotógrafo independiente y como profesor de fotografía en el departamento de Arte de la Universidad de Minnesota.
Viajó por diferentes países de Europa aunque sus fotografías son en su mayoría de Estados Unidos dejando unas imágenes de gran calidad que pueden ser consultadas en https://collections.artsmia.org/search/artist:%22Robert%20Gene%20Wilcox%22


También existe una referencia bibliográfica “Lyrical Documents: The Photographs of Robert Gene Wilcox de Christian A. Peterson publicado por el Minneapolis Institute of Arts en 1988 que no he podido consultar.
Esta escueta reseña nos lleva a una colección de 357 fotografías digitalizadas en una colección titulada “The Miscellaneous Works of Art Purchase Fund” que se encuentra en la base de datos de la Minnesota Digital Library provenientes de la colección del Minneapolis Institute of Art.


Son imágenes de gran belleza, plenas de lirismo, que nos descubre una Marbella pre turística, anclada a las tradiciones, con reminiscencias pictorialistas que trasciende la instantánea de una fotografía para intentar mostrar un mensaje, acaso un sentimiento.

miércoles, 17 de julio de 2019

MARBELLA, UN LUGAR DE CLIMA EXCEPCIONAL. NOTAS PARA UNA REVISIÓN DE LOS ORÍGENES DEL TURISMO



Mucho se habla sobre los orígenes del turismo en Marbella. La tendencia natural es buscar a descubridores-empresarios a los que se atribuye la salida del anonimato de la ciudad para convertirla en un destino internacional. Es una verdad a medias más referida a lo que se conoce como industria turística que a su descubrimiento como lugar de un clima excepcional pues existen antecedentes sobre nuestras bondades climáticas y sobre la identificación del nombre de Marbella como sitio ideal para la climatoterapia, esto es la curación de un amplio espectro de enfermedades debido a la templanza de nuestras temperaturas medias, tal como se planteó en 1902 al presidente Sagasta: “…en octubre marchará el Sr. Sagasta a Marbella (Málaga) a pasar una temporada por prescripción facultativa para reponerse de sus achaques con el descanso y cambio de clima, donde éste es en extremo benigno y saludable”.  Finalmente, su delicado estado de salud impidió su traslado ya que falleció cuatro meses más tarde.

Que en 1902 se hablase de Marbella y su saludable clima y que fuera lugar de prescripción médica indica que el nombre de la ciudad como destino por su clima era bien conocido y que no había sido producto de la casualidad pues muchas personas, años atrás, lo habían percibido como fue el caso del presbítero Vázquez Clavel que a mediados del siglo XVIII definía nuestro paisaje: “… a la falda de una hermosa quanto elevada Sierra, su fertilidad, la bondad de sus aguas, las virasones del mar, y ningunas lagunas ni otros lugares pantanosos, le producen un clima bien templado”.

Ese clima se traducía en un paisaje tropical que destacaba por su fertilidad y frondosidad como describió en 1810 William Jacob “El contraste de esta legua con las nueve restantes que ya habíamos pasado nos produjo una gran sorpresa así como un sentimiento de placer; la llanura entre las montañas y el mar se fue haciendo cada vez más ancha y cada vez más exuberante con todo tipo de productos tropicales, mientras que la zona que habíamos atravesado era arenosa y árida…”.



En términos similares se manifestó José Ortega Munilla a finales del XIX: “La ciudad de Marbella vive en perenne primavera. Por la parte sur, el mar la acaricia con sus tranquilas olas; por la parte norte, Sierra Blanca la defiende del frío. Es más que un pueblo, un invernadero de personas y plantas, en donde el frío no llega y la vejez se retarda en la suavidad de un clima en el que son desconocidos los violentos contrastes de Madrid”. Tal como se expresó unos años después Domingo de Orueta: “La villa, con sus alrededores frondosos de arbolado y huertos de regadío, coronados por la imponente y árida masa de la sierra... presenta uno de los espectáculos más bellos que es dado contemplar en la región”.

La idea de la promoción turística estaba ya presente en las autoridades, el Síndico Rafael Vallejo se expresaba en estos términos en 1890: " No puede calcularse hasta donde llegarían los beneficios si se lograse atraer a este país parte de los viajeros de posición desahogada u opulenta que buscan su salud o su cómodo bienestar en ciudades que respecto a su clima son inferiores a Marbella". De hecho, como destacó Antonio Rodríguez Feijoó en su “aproximación a los orígenes del turismo en Marbella”, el primer proyecto relacionado con el turismo en Marbella fue un proyecto de los ingenieros Amador Villar Pérez de Castropol y Jorge Fournier para construir una Colonia Estación de Invierno, proyecto que no fructificó.

En un informe sobre el alcantarillado fechado en 1935, de autor anónimo, se refrendaba, una vez más, la particularidad de nuestro clima: “La ciudad de Marbella «abrigada por sus pinares, besada por su mar», según frase de un ilustre literato inglés, es sin duda alguna el sitio ideal para residencia lo mismo en invierno que en el estío. Su posición topográfica al cobijo de su pintoresca sierra, que la libra de los aires norteños, proporciónale una temperatura uniforme y deliciosa de constante primavera. Siempre produce este bello rincón de la provincia de Málaga una singular atracción de simpatía. Pero cuando después de haber visitado detenidamente toda la Costa Azul francesa y la Riviera italiana, hemos vuelto a estar en Marbella, nos damos cuenta aún más de la justeza que envuelve su otro nombre «Costabella» con el que ya es corriente designada. Porque ya no es solo su belleza la del mar, sino el primor, lo interesante y alegre de su costa y de su cielo”.



Sin duda, estas visiones fueron dejando huella en la opinión pública. Marbella desde la segunda mitad del XIX había adquirido protagonismo por su clima excepcional. En la prensa de la época abundan los comentarios comparándolo con los destinos turísticos internacionales más conocidos. Como muestra este de 1898 del periódico satírico el Papa-Moscas: “Nuestro comandante general D. Sabas María, recientemente nombrado, procede del arma de artillería y entre otros buenos servicios, tiene el de haber estado agregado a la embajada de Rusia tres años. Así es que Burgos, con los mal llamados inviernos que ahora disfrutamos, le va a parecer Niza, Lisboa, o Marbella”. En toda España se daba por sentado que nuestro clima era el mejor, algo que no solo se debía a las impresiones de los viajeros sino también al comienzo de las mediciones de temperatura y pluviométricas desde 1892 con la creación del Instituto Central Meteorológico cuyas mediciones locales se tomaban desde el Faro.

Son frecuentes en los ecos de sociedad noticias sobre desplazamientos y estancias en la ciudad de ilustres personajes de toda España pero en especial de las provincias limítrofes de Granada, Sevilla o Córdoba, sobre todo en la década final del siglo XIX, como esta de 1889: “… el señor don José Agreda y Bartha, canónigo doctoral de esta santa iglesia, en cuyo punto (Marbella) permanecerá una breve temporada”. Eco que se repetía anualmente y de otros como los marqueses de Montelirio desde Sevilla o el marqués de Marianao desde Cataluña. Singulares eran las visitas de Alfonso XIII, la primera conocida en 1908 procedente de Sevilla y antes de marchar a Madrid, la última en 1926.



Pero el clima no fue suficiente para poner en el mapa de España a Marbella, tuvo mucho que ver la fama del General López Domínguez, ministro de la Guerra en 1883 y presidente del Consejo de Ministros en 1906 cuyos biógrafos destacaban que había nacido en “un pueblo importante de la provincia de Málaga”, y antes la del Marqués del Duero que desde su colonia agrícola de San Pedro Alcántara se defendía la fertilidad de sus tierras y la benignidad de su clima algo que iba siempre acompañado del nombre de Marbella.
Fotografía extraída de "José Ortega y Gasset 1885-1955. Imágenes de una vida"



Sin embargo en cuanto a repercusión mediática y por tanto promocional destaca Joaquín Chinchilla y Diez de Oñate, su linaje y su familia política, senador vitalicio, de larga carrera con diferentes cargos, que tuvo importante presencia en los medios. Su cuñado era Eduardo Gasset Artime padre de Rafael Gasset Chinchilla y abuelo de José Ortega y Gasset, familia criada en un ambiente culto relacionado con el periodismo y la política. Eran frecuentes sus estancias en la finca Caballero que en 1882 había comprado Joaquín Chinchilla.

Marbella no tenía infraestructura turística, las residencias de nuestros nobles y burgueses visitantes eran los cortijos y haciendas, más de setenta según los Amillaramientos de 1850, que se extendían por nuestro término municipal y alrededores. Era un turismo que buscaba la vida rural, el alejamiento de las ciudades y sus inconvenientes, entre los que estaba la pobreza y el abandono de nuestra ciudad. Una forma primitiva de hacer turismo que entronca con la tradición de las villas suburbanas de recreo de Roma. Un ideal de vida rústica, residencias campestres para la aristocracia romana que a la vez que granja tenían las comodidades propias de la ciudad, cuyo modelo continuó durante el Renacimiento.



Un tipo de residencia de descanso alejada de lo que se estaba proponiendo en Málaga desde finales del XIX con la Sociedad Propagandista del Clima y Embellecimiento de Málaga que propugnaba un turismo invernal pero eminentemente urbano. Al igual que sucedía con Marbella, exponían la comparación climática con los destinos turísticos internacionales. Modelos distintos que tuvieron continuidad en el siglo XX con la eclosión del turismo internacional en Marbella con las urbanizaciones turísticas que se extienden por todo el territorio marbellense y el malagueño más urbano y enfocado a la belleza de la ciudad y su patrimonio histórico.

La propaganda turística quedó, desde finales del XIX, imbricada como factor indispensable del desarrollo económico. La labor de Enrique del Castillo y Pez y Ramiro Campos Turmo fue fundamental; el segundo desde finales de los años 20 del siglo XX difundió las bondades de Costabella por toda España con sus artículos sobre El Jardín de España en Marbella.
No fue sin embargo hasta mediados de los años 40 y principios de los 50 cuando Ricardo Soriano Scholtz y Alfonso de Hohenlohe convirtieron los cortijos en recintos hoteleros. Fueron los primeros que crearon establecimientos turísticos pero eso es ya otra historia. Queda aún mucho por saber.

martes, 9 de julio de 2019

UN POEMA AL CASTILLO




El avance en los últimos años en los motores de búsqueda de internet ha permitido el acceso a documentos que antes era imposible. Ha sido una grata sorpresa encontrar un poema dedicado al Castillo de Marbella. Se encuentra en el libro “Poesías” de Carlos Walker Martínez editado en Santiago, Imprenta del Correo, 1868. El ejemplar se encuentra en la Librería del Congreso en Washington desde 1876 con introducción de Enrique del Solar.

¿Quién fue Carlos Walker Martínez? La respuesta de nuevo la encontramos en las redes, nacido en Vallenar el 1 de diciembre de 1842 y fallecido en Santiago de Chile el 05 de octubre de 1905. Abogado. Inicio su vida política en el Partido Conservador. Diputado y Senador de Santiago, Maipú y Maipú. Ministro del Interior y ministro subrogante de Hacienda en el gobierno de Federico Errázuriz Echaurren. Presidió el Partido Conservador en 1901.


¿Qué hacía en Marbella en 1867? En noviembre de 1866 obtuvo el título de abogado y decidió marcharse a Europa a defender al Papa de los garibaldinos (era profundamente religioso) pero yendo a Estados Unidos se lesionó y tardó 4 meses en recuperarse y fue entonces cuando partió a Europa durante 18 meses. En ese periplo que tuvo como destino Italia e Inglaterra debió hacer un alto en Marbella. Desconocemos la causa, su biografía es escueta, pero lo que está claro es que conocía Marbella por alguna referencia quizá por el poema de Luis de Góngora “Amarrado al duro banco de una galera turquesca” que cita a Marbella en una de sus estrofas:

Amarrado al duro banco

de una galera turquesca,

ambas manos en el remo

y ambos ojos en la tierra,

un forzado de Dragut

en la playa de Marbella

se quejaba al ronco son

del remo y de la cadena

que Carlos Walker Martínez parece rememorar en un párrafo de su libro de poemas:

Triste de aquel que errante en playa estraña

Vuelve los ojos a su patria ausente,

I el nombre de una virjen inocente

Invoca con respeto i con pasión!

¿Quién calmará su funeral congoja

I quién consolará su angustia i pena?

El ronco son de la fatal cadena

Siempre para el cautivo es ronco son!



 Su estancia en Marbella tuvo como resultado un poema que resalta el abandono y la decadencia de nuestro marbellense Castillo y que denota cierto grado de decepción:

Pobre castillo, es tan solo

Quien te viene a visitar

Un viajero!... i un viajero

Por mera curiosidad!

Cruza tus desiertos patios

Sin cariño, ni amistad:

¡Indiferente al partir,

E indiferente al llegar!



En aquellos años el castillo sufría el peor de los abandonos, torres y muros ruinosos y ocupación total del interior con la construcción del cementerio. Había dejado de tener función defensiva y fue lo que, en definitiva, llamó la atención del poeta:

Monumento de otros siglos,

Noble castillo feudal,

Hoi abandonado, solo,

I abrumado por la edad!

Castillo sin castellana,

Sin señor i sin solar:

Eres de tu antigua gloria

Memoria triste, i no mas!

Hoy, en vez de tus guerreros

Con corazas de metal;

De tus libres trovadores,

Que te dejan al pasar

Alguna hermosa leyenda

De un caballero oriental,

De una dama prisionera,

O un hechizo singular:



No tienes, viejo castillo,

Mas que el canto funeral

Del búho que en tus almenas

Busca abrigo o tiene hogar!

Tal vez golondrina triste

Que viene cruzando el mar

Plega un momento sus alas

En tu muro colosal!



Mas, la triste golondrina

Te deja pronto i fugaz

Tiende el vuelo solitario

A otras playas, a buscar

Un sol mas ardiente, un cielo

Mas abierto en que volar;

I te deja lamentando

Tu abandono i soledad.



Alguna vez en la tarde

Llega, o castillo, a tu umbral

Alguien… ¿Es un peregrino

Que pide hospitalidad?

¿Es un noble caballero

Que reta en contienda igual

En campo abierto a tu dueño

Viejo Castillo feudal?



¿Quién viene a tocar la puerta

I hacer el puente bajar

Cuando el fiero castellano

En el castillo no está?

¡Ai que no es un caballero

Que con honra va a lidiar!

No es tampoco un peregrino

Que pide hospitalidad!



Pobre castillo, es tan solo

Quien te viene a visitar

Un viajero!... i un viajero

Por mera curiosidad!

Cruza tus desiertos patios

Sin cariño, ni amistad:

¡Indiferente al partir,

E indiferente al llegar!



¿Qué fué de aquellos guerreros

Que en tus muros imponentes

Se abrigaban?

¿Qué fué de esos caballeros

Que en ti sus filas valientes

Estrechaban?



¿Por qué callan los clarines

Que al pié del muro desierto

Resonaron

I a los nobles paladines

A lidiar en campo abierto

Convocaron?



Así todo gasta el tiempo

Con afán devorador;

Así abate cuanto el hombre

Con esfuerzo levantó!

El alcázar suntuoso

Que se alza a las nubes hoy,

Será hecho escombros, mañana

Monumento de dolor.



¿I que valen esas torres

Que al viento escándalo  son?

¿Qué esas letras vanidosas

Que revelan a su autor?

Como el fantasma de un sueño

Pasarán, como pasó

La grandeza hoy abatida

De este viejo torreón!



Pues con tu destino cumples

I tu gloria concluyó,

Queda en paz, noble castillo,

A orillas del mar, i adiós!

Queda en paz con tus recuerdos:

Con el tuyo me voi yo!....

Castillo sin castellana,

Sin solar i sin señor!



Marbella 1867.

sábado, 25 de mayo de 2019

¿FUE HUMARIS MARBELLA?




Cuando escribía mi tesis hace casi veinte años, me planteaba el problema de los orígenes de la ciudad y las dudas sobre el topónimo: “¿Es posible que el topónimo de la alcazaba no fuera el mismo que el de Marbella? Todo queda en el ámbito de la sospecha. Todavía hay denominaciones de lugares en época califal que no han podido ser identificadas, además la exactitud en la localización de éstos es más que dudosa, con límites demasiado amplios, como muestra las dudas y el amplio debate suscitado sobre la ubicación de Turrus Husayn, e incluso Bobastro. Es extraño que una alcazaba califal como la de Marbella, producto de un plan estatal, pasara desapercibida para los viajeros y cronistas que tanto loaban las bondades del gobierno. Su carácter estratégico no pudo ser obviado, máxime cuando era el único núcleo importante en los 100 km de distancia entre Algeciras y Málaga

En la actualidad sigo con la misma incertidumbre, quizá nunca sepamos cómo se llamaba Marbella antes de las primeras referencias; también es posible que se llamara Marballa y que el problema solo sea la falta de referencias muy bien estudiadas por Carlos Gozalbes Cravioto en “Medina Marbal-la en la Edad Media” y Virgilio Martínez Enamorado en “Cuando Marbella era una tierra de alquerías” que puso al día las menciones conocidas del topónimo.


Hoy quiero lanzar una hipótesis –arriesgada como todas las que se basan en suposiciones- que puede servir para abrir un debate, puedo estar equivocado pero mientras no haya pruebas quedará como propuesta. Humaris pudo ser Marbella. La cronología es la siguiente: la alcazaba de Marbella se construye en la segunda mitad del siglo X y sus murallas con las que adquiría la categoría de medina seguramente entre los siglos XII y XIV (aunque no hay pruebas definitivas). La medina es citada como Marballa por primera vez en el siglo XII.

Humaris es un topónimo raro que solo aparece citado una vez en el manuscrito de Abd Allah el último rey Zirí de Granada (El siglo XI en 1ª Persona. Las "Memorias" de Abd Allah, último rey zirí de Granada, destronado por los almorávides (1090). Traducidas por Evaristo Levi Provençal y Emilio García Gómez. Alianza Tres, Madrid, 1982, pp. 183-189). En concreto el texto dice así:

En vista de todo ello, me mostré generoso cediéndole una comarca de cuya población nada tenía yo que temer y que para él era muy importante; evacué, para él, las plazas de Riana y Jotrón, cuyos habitantes eran cristianos y, por estar situados entre ambos territorios, no podían rebelarse contra ninguno de los dos; le di pueblos en que pudiera aprovisionarse con holgura; dejé en su poder los castillos de la Garbía, como Cártama [Qartama], Mijas [Misas] y Humaris, y, además, le entregué Cámara [Qamara], comarca de cereales, para que pudiera disponer de tierras de labor. Por el contrario, le privé de otros territorios de cuyos habitantes era de temer que, instigados por él, perturbaran mis dominios.



Se cita Humaris como castillo tras los de Cártama y Mijas. Si se mantiene un orden espacial lógico correspondería a la siguiente fortaleza al oeste de Mijas que sería la de Marbella (en unas fechas en la que aún no estaría construida la muralla) y que, además, se encuadran en la Algarbía un concepto difuso en lo espacial al oeste de Málaga.

Es una opinión común que el topónimo Marbella tiene relación con la hidronimia, el río Marbella, las fuentes de Marbella y como cita Virgilio Caldes de Malavella y que definía Simonet como “pequeño lago formado por un manantial o fuente” que provendría de un término bajo latino Marba o Marva, por mara (palus, lacus, stagnum), francés, mare; antiguo sajón Mere; inglés mar y moor… Marbella sería, según la interpretación de Albaigés, el diminutivo de Marva.



Maris se define como una zona pantanosa o laguna, con abundante agua, y Maris coincide con la definición de Marva y Mare. ¿Marbella fue pantanosa? Si, la respuesta está en la conjunción de los ríos Huelo y de la Barbacana y su fusión para desembocar juntos algo que causaba constantes problemas en todo el llano formado por la Alameda. De hecho, cuando el Huelo crecía o se salía de madre cuando se enarenaba, inundaba la Alameda. Lo mismo sucedía con el arrabal de la Puente del Tinte donde se situaban las tenerías, que en el siglo XVIII era calificado como inhabitable. Toda la zona al sur de lo que fueron las murallas de la ciudad era una plataforma, La Campiña, que confinaba por el sur con el Barranco de la Mar.

Quien sabe si ese Huelo que empieza por Hu- como Humaris guarde en su embovedado el secreto del topónimo Maris y Marbella. Martínez Enamorado defiende que el Huelo es una deformación de Wad-, y que se refiere al río de ríos a la vez que se pregunta, tal como me pregunto yo, ¿se encuentra en ese arroyo el origen hidronímico del topónimo Marbella? Wadmaris sería como Humaris y éste el río que forma un lago.

miércoles, 22 de mayo de 2019

LOS RINCONES DE MACHALAJACHINA



Es nombre rimbombante, quizás el más sonoro de los topónimos marbellenses. Es difícil en la expresión oral de ahí que se nombrara en la documentación antigua de distintas formas Macharagachina, Macharajachina, Macharachina, Machalajaquina y Machalaxachina. Su raíz Machar- nos remite a una cortijada andalusí, un lugar que dejó huella en la historia. Fue para cultivo de cereal lo que hoy solo es campo baldío de aulagas, jaras y palmitos, demasiado expuesto a ser urbanizado, de hecho es una isla silvestre rodeada de urbanizaciones.


Las tierras de Machalajachina lindaban al Este con el camino de Marbella a Ronda y las primeras estribaciones de la sierra de las Apretaderas; al sur con Benabola (también Benabolá, Benabolax, Benabolar y sus derivaciones con V); al oeste con las tierras del Guadaiza y al norte con monte realengo y el término municipal de Benahavís, que es linde problemática, siempre lo ha sido desde que el conde de Ribadeo obtuvo a fines del siglo XV, por merced Real, Benahavís y acumuló muchas de las tierras de su periferia, fuente de pleitos que nunca han terminado.


A finales del XIX con la creación de la Colonia Agrícola de El Ángel el paisaje se transformó con la construcción de la presa para el embalse de los Rincones o Machalajachina que con el tiempo pasó a llamarse Pantano Nuevo de El Ángel también conocido como el Lago de las Tortugas. Se alimenta del arroyo de Los Rincones cuyo manantial ha sido cegado parcialmente por unas obras de urbanización, como no, en Benahavís. Es una zona de grato paseo con fauna y flora que sobrevive a la presión.


Las primeras referencias son del siglo XVI, contaba con un cortijo de ubicación desconocida propiedad de los Villegas, como casi todo en Marbella, que con el tiempo pasó a nombrarse cortijo de doña Ginesa aludiendo seguramente a Ginesa de Clavijo, mujer de Sancho del Campo Cabeza de Vaca. Era un haza de tierra de secano, de pan sembrar o de cereal (trigo o cebada).


En el XVIII era partido o distrito de Machalaxachina y en 1850 Don Antonio Domínguez, del linaje de los Domínguez, era propietario de muchas huertas entre las que se encontraba la de Los Rincones de Machalajachina.

Ahora lo poco que queda está rodeado de urbanizaciones con nombres no menos rimbombantes e igual de sonoros: Los Belvederes, Aloha Lake Village, Los Naranjos Hill Club o Aloha Park. No nos ha costado casi nada olvidarnos de la Machalajachina andalusí para vendernos hasta en el idioma. Parece que falta poco para construir un harbour con un bridge sobre el Turtle lake, eso sí, con spectacular views.



sábado, 18 de mayo de 2019

LA MINA DE AGUA



Mina de agua en avenida Jacinto Benavente

Pasa desapercibida, no conozco su nombre. Nadie le presta atención salvo los encargados de la gestión del suministro de agua potable de la ciudad. Es un agujero extraño del que mana agua pero es para casi todos un agujero. Es una mina, en concreto una mina de agua. Nunca se ha estudiado, desconocemos cuando fue construida, pero sí cuando fue destruida parcialmente al urbanizar la avenida a principios de los 90, no obstante conocemos la antigüedad de la tradición y la función para la que se crearon.

Una mina de agua es una galería filtrante o de captación para alcanzar un acuífero con una estructura permeable y horizontal que permite obtener el agua por gravedad. Tiene un origen Persa (Qanat o Kanat) y los romanos y los árabes las construyeron con profusión. La nuestra, que se ubica en la bulliciosa avenida de Jacinto Benavente, parece humilde pero esa humildad no quiere decir que no sea valiosa por su antigüedad, no lo sabemos, nunca nadie ha hecho el intento de datarla.


Fuente de los Granizos

No fue la única, en el término municipal hubo muchas como la interesante fuente de los Granizos excavada en horizontal hasta profundizar hacia abajo con un pozo, algunas cercanas, en la misma avenida, a una distancia de 300 metros justo debajo de la ermita del Calvario que ahora forma parte de la red de agua potable lo que indica su calidad y la Fuente del Pecho de las Cuevas justo debajo del Polideportivo donde se situaba el Lazareto. Otras son antiguas minas de mineral que con el tiempo se reconvirtieron en minas de agua como la de Buenavista, el Pilar de la Minilla o la Gallega en término de Ojén.




Es probable que existieran otras que no conocemos porque ya están secas o destruidas. Las minas de agua también forman parte de nuestro patrimonio histórico, nadie las ha catalogado como tales. El gran trabajo realizado hace algunos años por F. D. Puertas Ravira y M. Fernández Berlanga fue un buen punto de partida para conocerlas (http://www.conocetusfuentes.com/fuentes_de_malaga_letra_M_1.html) pero desde entonces no se ha avanzado.

Para reconstruir el pasado, hay que conocer e inventariar los objetos susceptibles de ser valorados y las minas de agua han quedado en el olvido. Quizás esta breve reflexión sirva para entenderlas algo mejor.

martes, 26 de marzo de 2019

EL TESORO DE PUERTO RICO



No hay enclave más bello, el Alto y el Bajo, quizá sea el más querido por la gente de Marbella. Me refiero al paraje de Puerto Rico a los pies de su gran farallón que se extiende por el piedemonte al norte de la ciudad. Lugar con muchísima historia y prehistoria, pleno de rincones ocultos, mágicos y frágiles. Cada persona conoce el suyo, al que fue en algún momento de su vida, ya sea un manantial, una cascada o un sitio escondido. Quien por allí ha pasado tiene una historia que contar y todas se funden para convertirlo en el bien público más preciado. La riqueza de la ciudad no puede entenderse sin la exuberancia de Puerto Rico.


Lugar de restos arqueológicos de la Prehistoria, de cuevas, pechos y abrigos que aún protegen sus secretos. Paisaje de abundante agua porque en 1828 “...don Francisco Asís Roldán tiene en su hacienda de Puerto Rico un nacimiento de agua potable mui sobrante para beneficiarla”; se trataba de la primera traída de agua a la ciudad por medio de un acueducto que se cae a cachos.
Era rico en huertas y molinos, también yacimiento minero desde la Antigüedad que siguió explotándose hasta el siglo XIX y extensiones en el XX, con ese recuerdo del ferrocarril minero que lo atraviesa por Puente Palo. Fue arcadia para el doctor Jiménez de Ledesma que vislumbró sus posibilidades salutíferas para curar a los tuberculosos en su finca Zaragoza como narra Lucía Prieto.

Zona de bosque de pinos, sembrado de olivos abandonados y almendros y naranjos que perdieron su ser, de tradiciones primitivas como la del tostón y punto de inicio del ascenso por promesa o romería a la Cruz Juaná y, como no, de leyendas. Me han contado una, no he podido constatarla documentalmente, es un poco forzada y se llama como el nombre de parte de la finca, “Manzah al Kaïd” (el balcón del jefe), su autor es Robert Charroux, que fue conocido escritor de ciencia ficción francés que, como suele suceder en este tipo de historias, incluye un fabuloso tesoro de oro escondido guardado por el diablo y que comienza con un árabe muy rico que quiso tomar para su harem la hija de un cadí del antiguo Marruecos y terminó en Marbella allá por el siglo VIII o IX. En cuestiones de leyendas la imaginación no tiene límites.

Tras este exordio comienzo a tener sueño. Es la hora de la siesta y he encontrado una recachita a la sombra de un olivo. Oigo voces de niños jugando al fútbol. No me molesta, nada me molesta ya…

Ahora Puerto Rico Bajo es un maravilloso parque periurbano al que se accede por el carril bici que conecta con la vía verde que se ha construido por el antiguo trazado del ferrocarril. Son miles de metros cuadrados de naturaleza con la gran casa restaurada como centro de interpretación que recibe miles de visitantes anuales donde se exponen sus valores medio ambientales y culturales. Hay distintos recorridos que encantan a los senderistas, muchos ciudadanos acuden a diario para escapar de la ciudad, ya sea para correr, escalar, pasear a pie o en bicicleta o simplemente para visitar sus albercas, canalizaciones y huertas recuperadas o para poder avistar su fauna revitalizada. Los colegios acuden con frecuencia ya que Puerto Rico es como una asignatura obligatoria. Se ha convertido en el pulmón de Marbella, en su emblema, un monumento natural del que nos sentimos muy orgullosos….

-        ¡Eh, eh! Despierta

-        Perdón, me había quedado dormido y soñaba

-        ¿qué soñabas?

-        ¡ejem! nada, da igual, bueno sí, deseaba que de una vez por todas hubiera algún gobierno municipal ambicioso porque solo políticos excepcionales son capaces de emprender proyectos excepcionales pero lo que he soñado creo que era otra leyenda, no existe esa clase de políticos.

-        Venga, vamos ¿seguro que no fue una pesadilla?
    -      Es posible porque vi, oculto entre carpetas, algún proyecto 

       de urbanización, será porque me han sentado mal los  
       
       madroños.