Retazos de historia de Marbella
y otras reflexiones

lunes, 28 de mayo de 2018

La última casa de la Carretera





Estos títulos siempre suenan a epitafio, a esos momentos en los que preparas unas palabras de despedida porque ves que el tiempo se acaba. No es la primera vez que escribo en modo tristeza, ya ni recuerdo las veces que he despedido para siempre símbolos de nuestro patrimonio histórico, unas veces con rabia, otras con resignación, las más con la sensación de que clamas en un desierto donde la sensibilidad hacia el pasado se mide por el peso de palabras huecas.

Me refiero a la casa situada en la calle Enrique del Castillo que hace esquina con la avenida Ramón y Cajal, la última casa de la carretera, de fachada ruinosa y tapiada y con el techo anunciando derrumbe, con un gran agujero, abandonada desde hace años, salvo en la parte ocupada por la peluquería Guerrero, bien conservada y cuidada.




Formó parte del proceso urbanizador que coincidió con la apertura de la carretera y la desaparición de las murallas de la ciudad mediante la sustitución, por inmuebles, de la línea de muralla exterior y la cava que se surtía del arroyo de Huerta Chica. Lo que en principio era una labor higiénica se fue transformando en objeto de especulación. 
El entorno de la Alameda había pasado de ser una zona no urbanizable, a convertirse en el principal foco de crecimiento de la ciudad. Esta secuencia se había iniciado con varias solicitudes de cesión de terrenos del común para construcción de viviendas. Las cinco primeras, fechadas en 1864, preveían la urbanización del entorno de la plaza de Petit, cercana a la actual plaza de Tetuán. El Cabildo mostraba su aprobación a los proyectos porque eran favorables para la economía local, así como beneficioso para el ornato público. Más restricciones se establecían para la zona situada entre las murallas y el parque, porque en aquellos años se comenzó a plantear la construcción de la carretera y se estaba a la espera de conocer el proyecto. Varias solicitudes fueron “dejadas sobre la mesa”, pero el empuje fue imparable y en pocos años se construyeron las primeras casas.

Viviendas con fachada a un sur de horizonte abierto, con espectaculares vistas a la Alameda y al mar. Casas burguesas, de fachadas representativas del orgullo y la pujanza de sus dueños que crearon un nuevo espacio de convivencia, paseo y solaz y que rompieron con el miedo a vivir fuera de las murallas.





Cien años después un nuevo proceso especulador amenazó su existencia. El Ayuntamiento de Marbella en pleno, el 24 de octubre de 1961, aprobó una propuesta de modificación a las ordenanzas entonces vigentes que dejaba a las claras cuáles eran las intenciones municipales. La zona que coincidía con el centro histórico en su fachada a la carretera nacional debía de ser liberada de la limitación de superficie mínima de solar y de alturas.

El Plan de Ordenación de la Costa del Sol de 1959 proponía el mantenimiento de esta zona tal como estaba al objeto de conservar la fisonomía “del caserío del núcleo inicial de Marbella, dentro del recinto amurallado que, por su traza, arábigo andaluza, y su posición sobre una colina dominando el mar, es uno de los pueblos de  mayor belleza de la costa mediterránea”. La Comisión Provincial de Urbanismo, once días después, con el informe favorable de la Oficina Técnica del Plan de Ordenación, refrendaba la modificación: “El aumento rápido del casco urbano de Marbella exige una zona de expansión residencial en altura, de la que carece en el Plan de Ordenación de la Costa del Sol. En la citada zona serían toleradas edificaciones de altura aisladas, destinadas a viviendas de tipo medio y lujo…”. La resolución pretendía mantener el perímetro sur del centro histórico protegido, pero fue en vano, la confusión permanecía intacta, algo que creaba incertidumbre y a la vez posibilidades especulativas, con la aquiescencia de los encargados de la gestión municipal.



En pocos años fueron desapareciendo todas las casas, solo queda una, atrás quedó su protagonismo cuando en 1921 fue nombrado hijo adoptivo don Enrique del Castillo y Pez, toda engalanada para el acontecimiento. Hoy lucha en inferioridad de condiciones con el edificio Rural y Mediterráneo pero se mantiene en pie. Creo que nadie ya apuesta por su conservación.




lunes, 21 de mayo de 2018

Marbella Neobarroca




El título es solo una excusa ya que es imposible encasillar la ciudad en un solo estilo o clave cultural más si en una tendencia porque cada sociedad dibuja unos sistemas de valores con los cuales se juzga a sí misma. Omar Calabrese en “La Era Neobarroca” buscaba la existencia de un “gusto”, “un aire de tiempo” para nuestro periodo y proponía el de neobarroco.

Marbella es neobarroca porque recuperó hace tiempo las esencias barrocas del exceso y del artificio, de la sacralización de espacios urbanos y apostó por una estética del espectáculo, la visibilidad y la propaganda; de la estandarización y repetición del mobiliario urbano, ese resultado agradable y convencional con el que tanto nos sentimos identificados.




Vayamos por partes y centrémonos en lo religioso, los matices son tantos como las explicaciones posibles, Marbella es neobarroca no porque quiera parecerse a las ciudades barrocas de entonces, las de la santificación urbana, de vías santas y perspectivas monumentales, aunque algo de esto hay en menor escala con la continua presencia de cofradías y hermandades en las calles del casco antiguo con procesiones, romerías, rosarios, traslados, pregones, actos de todo tipo y nombramientos de calles, plazas y rotondas con nombres de vírgenes, Cristos y santos, aperturas de capillas y ermitas, instalación de cruces y oratorios.




Una suerte de Christianópolis, término utilizado por José Luis Orozco Pardo para explicar lo sucedido en la Granada del Seiscientos que enlaza los resultados del Concilio de Trento y el urbanismo de Roma con lo sucedido en la capital granadina, en el que predomina el componente sacramental, un ideal de vida como peregrinaje penitencial en el que el año litúrgico se apropia del estacionalismo de la cultura y la vida festiva popular. Es significativo que en la actual Marbella se celebran prácticamente el mismo número de manifestaciones religiosas urbanas que las de finales del siglo XVI y XVII.

Escenografía, exceso y ostentación porque “somos barrocos” como escribe Morpurgo-Tagliabue, porque algo del barroco subsiste aún entre nosotros como afirma Fernando R. de la Flor, proceso de reconversión y reconquista espiritual, de patronazgo de santos sobre las ciudades, de tutelaje de la “ciudad del cielo” sobre la terrena, una idea integrista de ciudad bajo un orden sacro, una forma de depuración y de exorcización de la ciudad pecadora, esa que alejada del centro histórico vive en permanente tentación.




Son tiempos de crisis, de brechas salariales y sociales. Algunos creen apreciar una vuelta al feudalismo por las similitudes con las antiguas relaciones de vasallaje. Ya no hay monarquías absolutas pero como antaño los poderes civil, religioso y militar se muestran unidos, comparten una única fe que transmiten por medio de sus actos, que se manifiestan en la ciudad para luchar, -sin pedir austeridad-, contra la cultura del consumo tan laica y superficial, convirtiendo esas manifestaciones religiosas en otra forma de cultura de consumo sobre todo cuando ves actitudes y escuchas justificaciones nada cristianas de atracción turística y de generación de riqueza.


lunes, 14 de mayo de 2018

Cuando las tropas castellanas comieron palmitos y “yervas”





Lo narra Fernando del Pulgar en su Crónica de los Reyes Católicos. Acababan de conquistar Marbella y se dirigían a Fuengirola: “…en estos días la gente de la hueste reçibía grand fatiga, así del cansançio grande por la continaçión de los caminos asperos e trabajosos, como porque falleçieron los mantenimientos; e padeçieron tan grande hanbre, que no tenían los omes ni los cauallos otra cosa saluo palmitos e yervas, porque los bastimentos que se enviaron por la mar, con los vientos contrarios, no pudieron llegar a tiempo que pudiesen aprovechar”.

La rendición de Marbella, el triunfo y la euforia, se vieron ensombrecidos por el hambre que pasaron. La Tierra de Marbella, asolada, no podía ofrecerles un mínimo vital para sobrevivir. Había fallado la logística de la guerra, los alimentos se quedaron en un barco y por unos “vientos contrarios”, probablemente de levante, no pudo llegar a tiempo. Habían calculado mal los víveres necesarios cuando a principios del mes de junio estaban en Antequera: “mandó a la gente hiziesen talegas por quinze días e quel artillería quedase con gran guarda de gentes de cauallo e peones en los prados de Antequera; y él con toda la hueste fue a la çibdat de Marbella”.




El Rey Fernando sabía que necesitaba ayuda para el mantenimiento de su ejército, que las tierras de moros que iba conquistando habían sido abandonadas tiempo atrás, por ello y gracias a dos cartas que se conservan en el Archivo Municipal de Jerez de la Frontera, publicados y transcritos por Juan Abellán Pérez, conocemos las gestiones del rey y la reina para evitarlo. la primera de 7 de junio de 1485 se dirigía al concejo de Jerez, el rey estaba en el real de Arcos de la Frontera camino de Marbella tras descartar el paso desde Ronda por la dificultad de tránsito. Agradecía la ayuda prestada pero les exigía un esfuerzo más: “…porque con el ayuda de Dios Nuestro Señor yo voy el camino de Marvella e creo que seran neçesarios muchos mas mantenimientos de aquellos que estan proveydos e de aquellos que se pesar que eran neçesarios fasta aqui e para proveymiento del real que sobre aquella villa ha de aver no se espera otro ningund bastimento de otra ninguna parte, salvo el que desa çibdad fuere…”

Exigía que fuera rápido, posiblemente porque ya notaban las carencias o porque consideraba inminente la conquista de Marbella y que se enviara por mar: “…lo mas presto que ser pueda se carguen por la mar todo el mas mantenimiento de harina e çevada e vino que fuere posyble de la propia hazienda de los vezinos de esa çibdad porque segund los muchos mantenimientos son menester muchos quel dicho mi tesorero enbie todavia es muy neçesarios que de los vezinos desa çibdad sea proveydo…”. La carga debía hacerse desde Puerto Real, cruzar el Estrecho de Gibraltar y adentrarse en aguas del Reino de Granada y todo en cuatro días.




El barco no llegó y las tropas asentadas primero en el entorno del Río Real, el llamado Sitio del Real y después en el Real de Zaragoza en el camino a Fuengirola, comenzaron a sentir el desabastecimiento, el Rey decidió no continuar hacia Málaga y parar la guerra desviándose hacia el norte por Álora. La Reina Isabel desde Córdoba intervino enviando los abastecimientos a Antequera: “La Reyna, como mandó yr las reçuas de los mantenimientos por tierra para bastimiento del real (de Antequera), bien asy envió mandar a sus oficiales que tenía puestos en los puertos de la mar que enviasen a la çibdat de Marbella trigo e vino e mantenimientos, e todas las otras cosas necesarias para proueymiento de aquella çibdat”.

La preocupación no era solo por las tropas sino también por la guarnición que dejó en Marbella. De hecho, en la segunda de las cartas, fechada el cuatro de julio, 23 días después de la entrada en la ciudad, la reina pedía de nuevo ayuda al concejo de Jerez: “…que la çibdad de Marvella que a menester de ser proveyda, mandamos a vos que dexedes en ella todo el trigo e çevada que alla teneys e de la harina mill fanegas, e todo ello lo entreguedes a la persona que en la dicha çibdad tiene cargo de reçebir los mantenimientos…”, como contraprestación les ofrecía la posibilidad de vender el sobrante de la carga en la ciudad o en cualquier otra ciudad de su reino y señoríos.






Hace algunos años aún se veía por las calles de Marbella a vendedores ambulantes vendiendo palmichas, había cierta afición a arrancar las palmiteras para consumir esa raíz dulce y delicada. Hace tiempo que se prohibió su extracción, que quede el recuerdo que sirvieron para alimentar a un ejército.


miércoles, 9 de mayo de 2018

Notas sobre los gitanos de Marbella (siglo XVI-XIX)



No voy a escribir de los gitanos de ahora, de sus circunstancias y problemas. Solo quiero aportar unas notas sobre su presencia en Marbella a lo largo de la historia con los datos que he encontrado que son pocos y escuetos, tan marginales como sus vidas, casi siempre vinculadas a persecuciones, prohibiciones y quimeras en su tercera acepción pues su historia quisieron escribirla con trazos gruesos de justificación racial como hizo el jesuita Padre Rávago confesor de Fernando VI, que ante sus dudas sobre la Prisión General de Gitanos de 1749 que acabó con 9000 gitanos en la cárcel respondió que “le parecían bien los medios para extirpar esta mala raza de gentes, odiosa a Dios y perniciosa a los hombres”.
Nada nuevo ni bueno, ni la primera ni la última, nunca se quiso a los gitanos en España, nunca se aceptó su modo de vida, su raza, los culpamos por ser como eran, tan distintos, tan diferentes a como nos hubiera gustado que fueran.




La primera referencia es de finales del siglo XVI sobre un supuesto gitano marbellí, Gabriel de Chaves, que se justificaba como tal cuando se le culpaba de ser morisco expulsado que quiso volver a su tierra y cuyo final con el Tribunal de la Inquisición lo pueden imaginar.
La segunda cita corresponde a principios del XVII y trata sobre un problema entre las jurisdicciones civil y militar en la ciudad que fue tratada en el Política para corregidores de Jerónimo Castillo de Bobadilla. En la relación de delitos cometidos por los soldados se incluye la de “…Pedro de la Torre porque quitó al alguazil que llevava unos Gitanos; y ay otros muchos processos presentados contra vezinos soldados, de delitos que han cometido enormes, y resistencia y herida de alguazil”.
Más datos disponemos para el siglo XVIII gracias al trabajo de Bernard Leblon en “El gran fichero de los Gitanos en España (siglos XV a XVIII) Historia de un genocidio programado” que rescata un documento que cumplía una orden de 28 diciembre 1784 en la que se encargaba a los corregidores la realización de un registro de todos los gitanos que había en sus respectivas jurisdicciones, aportando una serie de datos estadísticos que pudieran servir para adoptar medidas dirigidas a su control y asimilación donde se contabiliza quince gitanos en Marbella, un escaso número respecto al resto de pueblos y ciudades andaluces.
Leblon cita algunos nombres como el de Vicente de las Eras que estaba en presidio, casado con María Sánchez, familia de nacidos en Marbella pero que residían en Arcos de la Frontera o la de Pedro de Montes y su esposa Juana Valencia y poco más pues era realmente difícil censar a quien no quería ser censado dado el historial de persecuciones.





De su presencia en la ciudad solo quedaron leves rastros como el de la marbellense calle Lucero (también conocida como la del Molino), ese nombre tan gitano que, antes desde finales del XVIII se llamó calle de los Gitanos; o esa Virgen de los Gitanos que ocupaba el nicho que se sitúa en el callejón de los Chinchilla que fue sustituida por un Sagrado Corazón en 1995. Y por último, quizás con otras connotaciones toponímicas, el puerto de los Gitanos en Sierra Blanca.
De la historia más reciente, la del siglo XX, de los gitanos en la ciudad, sus casas, sus familias y sus trabajos muchos saben y recuerdan. Hubo un tiempo que parecieron integrados en la sociedad local aún cuando se reconocían como gitanos. Sin embargo, el paso del tiempo también va sepultando ese recuerdo.

Estas son mis breves referencias, seguro que habrá más, que sirva esta aportación para no perder nunca su memoria.

sábado, 28 de abril de 2018

El patrimonio histórico como oportunidad. Museos y otras necesidades






Leo que IU propone que el antiguo edificio de la Comandancia de Marina se convierta en museo del Mar y que el pleno municipal con los votos de la mayoría del PP lo ha rechazado. Es una vieja propuesta de IU que de forma recurrente surge para volverse a poner de actualidad.
Hace poco leí que el ayuntamiento sigue trabajando para ampliar el museo del Grabado. La verdad es que después de más de veinte años dándole vueltas al asunto me recuerda a Bill Murray como periodista en El Día de la Marmota que se despierta cada día sin que avance el tiempo. 



Relacionada con esta noticia surge de vez en cuando la rehabilitación del convento de la Trinidad como museo de la ciudad, ¡qué tiempos aquellos en los que Julián Muñoz decidió comprar las ruinas prometiendo su rehabilitación! Han pasado más de quince años y cada año, para cumplir la cuota política de promesas culturales, vuelve a darse la noticia de su inminente recuperación, incluso hubo un tiempo que se prometió un museo privado de arquitectura contemporánea, también se comentó la posibilidad de ubicar allí la colección de arte de un conocido promotor inmobiliario, del mismo modo se negó rotundamente su destino como museo por su escaso espacio para después afirmar rotundamente que el espacio es suficiente: cosas de la política.
Por último y como colofón a este movimiento museístico se anuncia el cierre del museo de los Bonsais para convertirlo en biblioteca, se justifica en que es el mejor lugar para una biblioteca, de hecho no hay mejor lugar en el mundo para una biblioteca. Es más, es imposible crear una biblioteca en un sitio que no haya sido antes museo del bonsái… y están fervientemente convencidos.




Hace muchos años ya, cuando estudiaba museología y museografía debatíamos con intensidad la musealización de la ciudad, la creación de espacios donde mostrar nuestro patrimonio. Nunca llegábamos a una conclusión clara y certera sobre la conveniencia de crear museos sin ton ni son, dudábamos si un museo debía crearse para dinamizar la cultura o que debían ser los movimientos culturales locales los que demandaran o sintieran la necesidad de espacios museísticos, en definitiva si debía de ser antes la gallina o el huevo.
De vez en cuando aparecía el concepto de industria cultural, es decir, un conjunto de actividades (empresariales, asociativas, artísticas, artesanales y comerciales) vinculadas a la propuesta museística para que ese museo, cualquiera que fuera, no quedara aislado, fuera de contexto. Un fracaso museístico más que podría acabar como monumento poco efectivo en la dinámica de la ciudad, sin apenas visitantes, sin vínculos con sus ciudadanos. Me gustaría saber cuántos marbellenses han visitado el museo del Grabado, incluso si saben dónde está y por abundar más si conocen que es una de las mejores colecciones españolas de grabado. Evidentemente las respuestas deben ser desoladoras, no hace falta mucha estadística para saber los resultados. Es el problema de la creación de espacios museísticos cuando no hay demanda, cuando se crean sin contar con la ciudad o se crean como oportunidad turística y no como necesidad cultural.





Pensamos en los visitantes foráneos antes que en los residentes, creemos que los primeros entrarán sin más en cualquier museo simplemente porque va a formar parte de la visita al casco antiguo. Pensamos que basta con abrir un edificio que se rotule como museo para que enriquezca la propuesta cultural.
Antes de decidirse por Málaga, Carmen Thyssen sondeó la posibilidad de establecerse en Marbella, se pensó en el cortijo de Miraflores porque era el único edificio que se acercaba a sus demandas, pero finalmente fue desechado por su pequeño tamaño. No había edificio histórico en la ciudad capaz de albergar la colección de la baronesa. Este hilo me sirve para enlazar con lo sucedido en la capital de la provincia donde se ha producido una auténtica eclosión museística en las dos últimas décadas, sin parangón en España que ha tenido como resultado la multiplicación del turismo pero ¿ha servido para aumentar el nivel cultural de los malagueños?.
El primero fue el Picasso, metido con calzador en varios edificios. Significó la recuperación de una zona bastante degradada pero cada vez que paseo por su entorno, no veo galerías de arte, ni librerías especializadas, ni espacios culturales para el debate, ni empresas que se dediquen a la gestión cultural, solo veo teterías, pizzerías y bares de tapas, bastante caros por cierto, con centenares de mesas que invaden los espacios peatonales. Es una visión peculiar de la cultura como ocio, como espacio de diversión más que de fomento de la cultura. Son nuevos parques temáticos donde la propuesta museística es una excusa para fomentar la terciarización de la ciudad, la de las empresas de dinero fácil, tan alejadas del fin cultural que terminan convirtiendo el museo en parte de un centro comercial.



Esto es solo una muestra de lo que pasa también en nuestro centro histórico, un problema que se va agudizando, que nos está dejando sin espacios para la cultura y los que quedan emergen como islotes rodeados de contaminación turística. Las mesas de los restaurantes que llenan la plaza de Tetuán, ahora del Practicante Manuel Cantos, impiden ver la puerta principal del Hospital San Juan de Dios, en verano es casi imposible acceder, lo mismo sucede con la ermita de Santiago, la Casa del Corregidor, la calle Misericordia, la de la Virgen de los Dolores, nuestros monumentos no son destinos culturales, son objetos turísticos.
No hay ni nunca ha habido una planificación cultural y museística, nunca se ha pensado en lo que los ciudadanos demandan, en sus necesidades. Se eligen edificios para museos solo porque son viejos edificios a rehabilitar y no para que su contenido tenga una museografía adecuada, se han elegido destinos museísticos no por la necesidad de mostrar nuestro patrimonio sino por la oportunidad política del momento, por lo que “viste” publicitariamente su nombre. El futuro y quimérico museo de la ciudad cabrá en 300 metros cuadrados.
Un antiguo profesor universitario afirmaba que el patrimonio no solo hay que cuidarlo sino crearlo también (entiéndase por ejemplo el museo Guggenheim de Bilbao y su efecto transformador de la ciudad). No hay que meter colecciones con bisturí en edificios insuficientes, ni mares océanos en sedes militares, hay que exigir la creación de entornos culturales con sentido común que es algo que jamás hemos tenido en Marbella.



martes, 17 de abril de 2018

EL MISTERIO DE LOS JUANES DE SIERRA BLANCA



Siempre me ha llamado la atención el nombre de nuestra montaña más simbólica: la Cruz Juanar y todos sus derivados, Juanar, Juanal, Juana, Juaná… me preguntaba el porqué de tan extraño topónimo y si podía tener algún significado pero no encontré nada. Seguí investigando y un día, como sin querer que es la mejor forma de encontrar respuestas, leí una Sierra de Juan Alnarejos relacionada con Marbella y que abarcaba lo que hoy conocemos por Sierra Blanca. Aparece citado en un documento titulado "Descripción de caminos y pueblos de Andalucía", fechado en 1744 que se encuentra en la Biblioteca Nacional y sacado a la luz por José Jurado Sánchez en el libro, Caminos y Pueblos de Andalucía (s. XVIII) publicado por Editoriales Andaluzas Unidas en 1989. 




Esta cita al tal Juan Alnarejos me hizo rebuscar por tan extraño nombre sin encontrar más que un par de alnarejos en toda España y algunos más altarejos que no parecían tener vínculo alguno con nuestra sierra.
Hace pocos días, por casualidad, volvió el tema a estar presente cuando me puse a recordar que no solo tenemos una Juana, sino una cañada de Juan Inglés en la cara norte de Juanar y acceso a Istán, un Tajo y puerto de Juan Benítez justo debajo de Juanar, un puerto de Juan Ruiz aún más al sur e incluso un cerro de Juana Díaz al Este de Ojén.
En mis indagaciones (llámense también comeduras de coco), descubrí que hay un Calar y peña de Juana y un cerro de Juan Cubierta en Cazorla y un pico de Juan Pérez en El Burgo. ¡Cuanta casualidad que todos estos que dan nombres a cerros, picos y puertos se llamen Juan o Juana!, además con sus apellidos. Sería tema zanjado o fácil de zanjar si acudiéramos a la explicación fácil del antropónimo: alguien en algún momento dejó su huella, de hecho en más de una ocasión se han creado leyendas sobre algún fulanito que se perdió y nunca más apareció en alguno de estos montes. No hay duda que en algún caso pueda deberse a alguien, generalmente propietario del terreno que deja su nombre estampado en la memoria. Sucede mucho con los huertos y cortijos pero hablamos de orónimos, zonas áridas exentas de cultivos y generalmente sin propietarios ¿Cómo es posible que un Juan Alnarejos de nombre a toda una sierra?




Para un historiador el estudio de la toponimia es una fuente inagotable de pistas, a través de ella pueden descubrirse importantes datos no solo desde el punto de vista arqueológico sino también como un proceso histórico. Sin embargo, para abundar en la toponimia es preciso ser filólogo; son quienes interpretan la etimología con la facilidad de su profesión. A ellos acudí porque en nuestro país hay muy buenos trabajos sobre toponimia y su significado. No encontré nada que pudiera relacionar el antropónimo “Juan” con accidentes orográficos, a veces nunca encuentras nada y es cuando el investigador entra en fase terminal, la del abandono temporal o definitivo de esa ilusionante línea de investigación que habías iniciado.
Pero hay que perseverar, la tozudez es virtud cuando está bien dosificada. Encontré dos pequeños trabajos del profesor de la Autónoma de Madrid, Emilio Nieto Ballester titulados “La toponimia de las fuentes en España: una nota sobre algunos resultados del Lat. Fonte”, Revista de Filología Española, 2000 y “Falsos antropónimos en la toponimia española: Fuente de Mariguantes, Alto de Maripez, Mariagua”, en la misma revista en el año 2013 y ¡EUREKA! Alguien hablaba desde un punto de vista científico de los juanes que abundan en España.
Su interpretación me sorprendió en un principio, lo atribuye a la expresión fuente o manantial, del latín fonte que en romance se convirtió entre otras en Juan, que se halla extendido en una amplísima zona de la España de habla castellana, que abarca la totalidad práctica de Castilla, Aragón y partes de Andalucía.



Copio literalmente un párrafo del artículo “Falsos antropónimos…” que lo explica con detalle: “El resultado guante, güente o su evolución fonética a partir del del lat. fonte es seguro y está presente en ejemplos del tipo Guanz (Loscorrales, Huesca), Os Guances (Gésera, Huesca), La Güente (Santa Coloma, La Rioja), Gobantes (Burgos), Otero de Naraguantes (Fabero, León). Básicamente se trata de un reforzamiento consonántico a partir de *huante, *huente > *uante, *uente, con debilitamiento de /f/ inicial. El resultado con aspiración está mejor documentado, pues son centenares los ejemplos del tipo La Juambuena (Castilforte, Guadalajara), Juan Cerrada (Cifuentes, Guadalajara), Fuente de Juan Podrido (Valdesaz, Guadalajara), La Juan Podrida (Barrachina, Teruel), Juan Seco (Alcaudete, Jaén), etc.”




Tras este descubrimiento, tocaba saber por qué nuestros orónimos son en realidad hidrónimos o, más bien, fuentes o manantiales. No hay más que mirar el mapa adjunto para apreciar con facilidad que Juanar es punto de partida de numerosos cursos de agua, es decir de nacimientos o fuentes, que justo al sur donde se sitúa el tajo de Juan Benítez surge otro manantial y lo mismo sucede en la cañada de Juan Inglés. Hace unos días paseaba por el puerto de Juan Ruiz y las últimas lluvias nos han dejado un precioso arroyuelo, con su cercana fuente, que llevaba años seco. Lo mismo sucede con el cerro de Juana Díaz desde donde brotan varios manantiales.

De Sierra Blanca nacen numerosas fuentes que alimentan ríos de corto recorrido que desembocan en la cuenca de Marbella. Muchos de esos manantiales se han perdido para siempre, de otros brota un pequeño chorro que a veces pasa desapercibido.
Que al menos con estos datos nos quede su recuerdo.

domingo, 15 de abril de 2018

TOMA DE LAS DIEZ NAOS INGLESAS SOBRE MARBELLA



La primera vez que lo vi fue en una mala reproducción en blanco y negro de un libro reeditado de otro del siglo XVIII, “Población General de España, sus Reynos y Provincias…” de Juan Antonio Estrada. Apenas se apreciaban unos barcos y una población al pie de un monte que se entendía era Marbella aunque no hubiera ningún parecido o indicio que era nuestra ciudad salvo que era puerto de Mar y que estaba fortificada.




La imagen corresponde a un fresco situado en la galería baja del palacio del Marqués en Viso del Marqués construido por el I Marqués de Santa Cruz don Álvaro de Bazán y Guzmán, capitán general del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal. Fue construido entre 1564 y 1586. Los muros y techos se hallan cubiertos de frescos de doble temática: por un lado, escenas mitológicas y, por otro, batallas navales y ciudades italianas relacionadas con la trayectoria militar del marqués y de sus familiares. 8.000 metros cuadrados de frescos manieristas elaborados por Giovanni Battista Peroli con Esteban Peroli y César de Bellis.​ Fue un espacio creado para exaltar sus virtudes militares.




Con el tiempo pude ver el fresco en color y en toda su amplitud. Mostraba un paisaje abierto con diversos accidentes geográficos pero lo más interesante era la cartela que explicaba lo recreado:
TOMA DE LAS DIEZ NAOS YNGLESAS SOBRE MARVELLA
“La santidad de Pío V pontificaba y en España reinaba Felipe II cuando Don Álvaro de Bazán, primero marqués de Santa Cruz, Capitán General de las galeras de su Majestad, estando invernando en el Puerto de Santa María fue avisado del corregidor y alcaide de la ciudad de Gibraltar cómo habían entrado en aquel puerto diez naos inglesas las cuales después de haber hecho consejo en su capitana habían querido sacar de él una francesa que estaba suelta disparándole mucha artillería la cual se defendió por la ciudad y fortaleza a cañonazos.
El marqués con toda diligencia hizo aprestar cinco galeras de las de su cargo, con que partió la misma noche la vuelta de Gibraltar de donde fue avisado que los ingleses salían ya del Estrecho y haciendo fuerza de remos las descubrió sobre Marbella y después de haberles requerido en nombre de su Majestad se le entregasen para castigo de haber quebrantado su real puerto no queriéndolo hacer poniéndose en orden de batalla la combatió y rindió y llevó presas a Gibraltar donde se hizo justicia de los culpados.
Túvose su Majestad por muy servido de tan buen suceso que es el que se muestra en este cuadro lo mejor que se puede”
.




“Lo mejor que se puede”, el fresco intenta narrar una batalla que se produjo en aguas cercanas a Marbella debido a un enfrentamiento sucedido en el Peñón de Gibraltar, 78 kilómetros de distancia que debían ser incluidos en un dibujo de dos metros de ancho y tres de alto de ahí que esa frase invite a pensar en las dificultades que tuvieron los pintores para su recreación. El resultado es una amplia vista de pájaro con Gibraltar y su bahía como motivo central, así lo explica Rosa López Torrijos (“Episodios de guerra comercial en un paisaje inédito de la Bahía de Gibraltar”) en Arte en tiempos de Guerra, CSIC, 2009. 

¿Y dónde se representa a Marbella? Pues curiosamente pese a ser la que titula la historia aparece alejada, en la esquina superior derecha, exenta sobre una pequeña península casi isla, a los pies de una pequeña sierra, la Blanca. Se representa por lo que alguien contó o quizás por algún dibujo o esquema, acaso es el recuerdo de su vista desde el mar de alguien que navegó cerca. Anton van den Wyngaerde la dibujó pocos años antes, en 1567, también a vista de pájaro pero desde el norte y bien pudo servir de modelo.




Lo cierto es que la ciudad entonces parecía estar aislada como un istmo por los dos riachuelos, el de la Barbacana y el Huelo que la rodeaban pero se exagera esta posición probablemente para destacarla en el fresco. Entre las murallas y el mar estaba el barranco de la Mar que era el fundamento defensivo de la ciudad: “Lo primero que la dicha çibdad es muy fuerte en sitio y de mucha calidad e importançia, la qual no se puede batir en manera alguna desde la mar, porque si los navíos de moros llegan cerca de tierra no la pueden coger por una barranquera que ay entre ella y la mar”.



El fresco muestra una ciudad amurallada, sin puerto, con altas torres que sobresalen intramuros y que parecen no caber debido a su gran densidad y aunque se considera una imagen estereotipada, copiada de otros modelos, coincide con lo que era entonces Marbella. La muralla sur tiene tres torres albarranas principales como las que existieron, la central correspondería a la de acceso a la Puerta de la Mar. El pináculo estilizado, que es la forma de representar la torre de la iglesia, se sitúa donde la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y a su derecha dos torres, acaso las de la puerta de Málaga o incluso las casas de don Alonso de Bazán que están junto a dicha puerta y que podría ser un elemento destacado en el dibujo por el parentesco de don Alonso con la familia del Marqués de Santa Cruz. Detrás destaca la torre más alta que concuerda con la del Homenaje en el Castillo que es la central que da a calle Portada y a su izquierda otra torre más que sería la de la Puerta de Ronda. A su lado aparece lo que puede ser una cúpula, probablemente la imagen de un templo con su torre campanario que bien podría ser San Sebastián o el Santo Cristo en el Arrabal, quizás ambos. Con una imagen más nítida es posible que se puedan identificar más o mejor otros edificios.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Y LLEGÓ EL TELÉGRAFO






Hay acontecimientos en la historia que suponen una mejora general en las condiciones de vida, en ocasiones se califican de revolución porque la transformación es tan significativa que se inicia una nueva etapa, en esta caso en la forma de comunicarse en la distancia, en la rapidez en la llegada de noticias y es que el telégrafo llegó para cambiar Marbella.

Marbella era una ciudad bastante aislada del resto de España, periférica, lejana a Málaga, con malos caminos, sin puerto, sin tren, con navegación de cabotaje y con unas sierras septentrionales que dificultaban el acceso desde el interior. Un panorama que ralentizaba el ritmo de la ciudad, que impidió un mayor desarrollo industrial y económico. Tanto es así que la aventura de desplazarse por la costa malagueña es destacada en crónicas de viajeros desde época andalusí.



El telégrafo de Morse se había extendido por Estados Unidos en la década de 1840, en España en 1854 Isabel II envió el primer telegrama eléctrico a Irún y pronto comenzó a extenderse la nueva red de comunicaciones por la península entre las principales capitales. Tal fue el éxito que las redes interprovinciales se desarrollaron rápidamente. Marbella en principio había sido excluida ya que la línea entre Málaga y San Roque se había planteado pasando por El Burgo, Ronda, Benadalid y Gaucín pero debido a las dificultades orográficas en 1863 se publicó el cambio de trazado y la convocatoria de pública subasta para su construcción por los 115 kilómetros de costa proyectando 15 puntos de apoyo o postes de pino por kilómetro y su correspondiente alambre de hierro galvanizado de zinc con un precio máximo total de 2657 reales por kilómetro.



Antonio Rodríguez Feijóo relata que en 1866 el Director General de Telégrafos propuso la instalación en Marbella de una estación telegráfica en concreto en la casa del entonces Alcalde Francisco Rosado y Campoy que creo estaba en calle Pedraza aunque no lo puedo afirmar con seguridad. Marbella, de recibir noticias con días, semanas y meses de retraso, podía, por primera vez, recibirlas en minutos.
Con el tiempo, la estación fue trasladada a la plaza de los Naranjos junto a la cárcel y en los años cincuenta del siglo XX a la calle Alonso de Bazán esquina con Finlandia.




El telégrafo junto a la carretera que comenzó a construirse en los mismos años trajo nuevas perspectivas a la ciudad, poco tiempo después se iniciaba la explotación de la magnetita por la Marbella Iron Ore que de nuevo, en este tiempo de transformaciones, iba a revolucionar la ciudad.

lunes, 19 de febrero de 2018

PATRIMONIO PERDIDO II: EL DOCUMENTAL





Para un investigador enfrentarse a un legajo es de las sensaciones más placenteras y emocionantes. Seguramente no eres el primero en abrirlo, por supuesto habrá pasado por tantas manos como cientos de años tenga pero tu mirada es distinta, plena de ilusión por la incertidumbre de hallar lo que nunca nadie antes analizó, comienzas a escudriñar su aspecto, a adaptarte a esa paleografía caprichosa, a intentar entender su lenguaje y a interpretar su sentido. Las más de las veces lo cierras sin más, no te aporta nada y vuelves a iniciar el proceso en un bucle durante largas jornadas de paciencia y dedicación.

Cada documento es tratado con mimo, como si cualquier brisa pudiera deshacerlo en mil pedazos, muchos se desmoronan solo mirarlos de carcomidos que están por la polilla, devastados por hongos, empapados por la humedad. Su supervivencia depende de muchos cuidados y factores aunque su consideración como patrimonio histórico es la mejor de las garantías. Mantenidos durante siglos en los lugares más resguardados, los más secos, elevados del suelo, como valiosos tesoros en el arca de las tres llaves tal como se denominaba la ubicación de nuestros documentos municipales en el siglo XVI, no obstante eran la diferencia entre el orden jurídico y sus antónimos, son ahora joyas de la memoria, armas para el recuerdo.

No siempre estuvieron bien guardados como tampoco tuvieron la consideración debida, tantas veces han sido maltratados que su fragilidad conllevaba su desaparición inmediata. El fuego, el agua, la desidia, el ocultamiento, la incultura, la estupidez, la ideología, la religión o simplemente el odio son amenazas constantes.



Hubo buenas bibliotecas marbellenses como la de Alonso de Bazán que conocemos su inventario por el minucioso trabajo de Catalina Urbaneja pero de la que no hay rastro sobre su devenir, lo mismo ocurre con la que tuvo el presbítero Vázquez Clavel que por los que nombra en sus Conjeturas de Marbella debió de ser extensa. Seguro que hubo muchas más de las que poco o nada se conoce. Un día, hace ya unos cuantos años, me avisaron que en el vaciado de una de las grandes casas de la calle Ancha se arrojaron a un contenedor docenas de libros de los que muchos fueron salvados de la quema por ciudadanos anónimos, cuando llegué no quedaba rastro y es que los libros arden mal citando el título de la magnífica novela de Manuel Rivas, metáfora de la sinrazón. Tanto el convento de la Trinidad como el de San Francisco dispusieron de buenas bibliotecas, del primero el poeta Inácio Xavier do Couto, del que ya escribimos en este blog, debió de dar buena cuenta. Las desamortizaciones fueron muy nocivas para ellas y es curioso que en la búsqueda de documentación en el Archivo Histórico Nacional sobre estos conventos no hay más que una caja con un par de exiguos legajos.

Muy triste fue lo sucedido con el archivo y biblioteca del Hospital Bazán que aún se mantenía cuando ya no prestaba servicio hospitalario y estaba ocupado por diferentes familias. Algo se salvó y tuve el inmenso placer junto a Catalina Urbaneja de ser de los primeros en investigarlo. Un archivo parcial que sin embargo nos proporcionó datos de enorme valor historiográfico, tanto como el de San Juan de Dios del que se conserva en buenas condiciones gran parte de su historia.



Trágico fue el destino de la iglesia de la Encarnación, el 18 de julio de 1936, con el comienzo de la de violencia anticlerical, sus bienes fueron saqueados, y el mobiliario y el tejado quemados. En los últimos meses de ese mismo año, el interior estaba destruido y sirvió de refugio para cientos de desplazados con sus animales domésticos utilizándose el sagrario de cuadra. La relación de objetos destruidos, además del archivo parroquial, fue casi total, miles de documentos y libros fueron quemados.

Es incalculable lo que se ha perdido, algunas son un tanto traumáticas como la del importantísimo documento de los Repartimientos de Marbella tras la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos. No se ha hallado ni una copia pese a que era fundamental para establecer propiedades y lindes. Esperemos que pronto se descubra entre tantos pleitos que hubo algún duplicado. Acaso el que se custodiaba en el archivo municipal fue destruido junto a cientos de legajos por los franceses durante la invasión y los que sobrevivieron quizás fueron pasto de las llamas en el conocido Motín de las mujeres en 1909 con motivo de la detención del médico Félix Jiménez de Ledesma que tan bien describió Lucía Prieto.

Lucía fue la primera que después de tantos años de abandono de los restos de la documentación municipal puso orden. Labor continuada hasta hoy por el archivero municipal Francisco de Asís López Serrano al que dediqué en su momento una publicación que también se encuentra en este blog. No sé si llegaron a conocer ese sótano más propio de una mazmorra fría y húmeda de película medieval, donde los documentos se amontonaban entre humedades y ratas como se encargó de destacar el ABC a principios de los Noventa. Investigar allí era una proeza, la precariedad era absoluta. Recuerdo mis inicios investigadores en una vieja mesa debajo de una cañería de fecales con una luz tenue que ponía a prueba la mejor de las saludes.



Sin embargo no todo ha sido destrucción, ya que poco tiempo después el archivo fue trasladado a calle Portada y finalmente nuestros documentos históricos obtuvieron el mejor reconocimiento con la creación del bellísimo archivo histórico en el cortijo de Miraflores en tiempos de la Gestora.

Cualquier historia puede tener un final feliz o no, nosotros somos los responsables.

miércoles, 14 de febrero de 2018

PATRIMONIO PERDIDO: EL ARQUEOLÓGICO



Son hechos consumados, la mayoría impunes. Se guardan en ese almacén de la memoria donde van todas las vergüenzas, porque cada pueblo tiene su colección, de las que casi nadie habla por eso de la corrección política que es la más canalla de las censuras, todo con el fin de la exaltación de las glorias marbellenses, esas que nos hacen sentir orgullo de pueblo cada día que despertamos.

Hablamos de nuestro patrimonio histórico perdido, tan desconocido como oculto, del que no podemos saber su dimensión más que por una aproximación a los rastros dejados. Los crímenes se perpetraron de muy diversas formas. Nos referimos al expolio del patrimonio histórico en la más amplia de sus acepciones. Del patrimonio arqueológico al documental, del artístico al monumental, Desmanes que en algunos casos llegaron a los tribunales, otros quedaron en denuncias administrativas, denuncias públicas y muchos, la mayoría, en pistas que por el tiempo pasado, cuando ni existía la legislación patrimonial, quedaron en testimonio gráfico u oral.

Ahora no se denuncia como antes aunque de vez en cuando alguien levanta la voz con la indignación de antaño, me reconforta cuando lo hace Cilniana, me recuerda a los buenos tiempos, quizás porque no haya tanto que denunciar, tal vez porque vivimos en momentos de conformismo y resignación, aderezado en ocasiones de connivencia que baja el tono de muchas voces, acaso porque el cansancio ha hecho mella en muchos de los luchadores en defensa del patrimonio. Gracias a esa perseverante lucha de años atrás se pudo salvar poco o mucho dependiendo de la percepción de cada uno. 

La gestión municipal en la materia es muy deficiente, se reproducen errores, no hay iniciativas más que las habituales, se mantiene esa inercia de no hacer nada porque nadie denuncia ni presiona ni tampoco importa mucho, las reclamaciones son escasas, las promesas se sacan de los cajones para repetirlas, se protege lo que se ve y se protege mal. ¡Qué envidia de tantas ciudades cuya gestión de su patrimonio es modélica y han convertido su historia en el principal de los reclamos turísticos!




Me contaba Joaquín Sánchez en esas largas y plácidas charlas donde intentaba exprimir sus recuerdos, que un guiri a principios de los Sesenta salía cargado de cajas de material prehistórico de las cuevas de Puerto Rico. Nunca se supo su destino. Lo poco que se encontró por parte del grupo de espeleología fue a parar al ayuntamiento donde a principios de los 80 el entonces delegado de Cultura, Rafael García Conde, promovió la creación de una sala de arqueología en los bajos del antiguo cabildo. Con el paso del tiempo y su abandono, la sala quedó desamparada y los materiales expuestos volvieron a sus cajas hasta que hace pocos años se instalaron unas vitrinas en el Cortijo de Miraflores, bajo la buena supervisión de Calixto Romero, que pasa desapercibida para casi todo el mundo pero que tiene un considerable efecto balsámico sobre algunas conciencias. Nuestro patrimonio arqueológico debió ser rico, nunca lo veremos en toda su dimensión y nos hemos contentado con una gran cantidad de fragmentos descontextualizados tras años de pésima gestión de las administraciones competentes.

Son tantos los ejemplos de destrucción conocidos que no voy a tener más remedio que tirar de hemeroteca porque la memoria falla, mis disculpas por los errores u omisiones que pueda tener. Aparecieron restos fenicios en Los Monteros en los años sesenta pero la zona no fue protegida hasta que se incluyó en el PGOU recientemente anulado, algo que de nuevo ha dejado todas las zonas arqueológicas desprotegidas y que ante un nuevo e inminente boom de la construcción puede traer muchos problemas. 

A mediados de los noventa una tumba romana fue encontrada casualmente en el carril del Relojero, nunca se investigó su entorno como tampoco se investigó la zona de Artola donde aparecieron restos del Paleolítico Inferior. Según me contaron en la desembocadura de Río Real, se halló un esqueleto fosilizado de un gran animal que fue destruido por la excavadora para evitar la paralización de la obra y años después se descubrió otro que pudo ser estudiado. Una excavadora hizo añicos el 95 por ciento de lo que pudo ser una colonia fenicia completa e intacta y que hoy nos conformamos con ese pequeño mocho que ha quedado como testigo. 




Aún recuerdo el descubrimiento de la necrópolis andalusí y la cabaña del Cobre a los pies de Cerro Torrón con motivo de la vigilancia previa a la construcción de la autopista. Se excavó de urgencia y se hizo bien pero lo que me llama la atención es el abandono de una de nuestras joyas patrimoniales, la fortaleza. Estuve hace unas semanas por allí solo para ratificar lo que sospechaba, el abandono sigue siendo total y progresivo, los muros se están cayendo, la vegetación lo está sepultando, las visitas de expoliadores continúan siendo habituales. ¿inversión en su mantenimiento, limpieza o rehabilitación? cero euros pese a que ostenta ese pomposo título de Bien de Interés Cultural que más que un reconocimiento parece una condena. Dicen que en una pequeña cueva cercana unos expoliadores hallaron una buena colección de monedas. Donde hay una fortaleza siempre hay buenos alrededores aún así seguimos igual que cuando se le otorgó la protección máxima.

Lo mismo sucede con la cueva de Pecho Redondo, también BIC cuyas pinturas rupestres sobreviven custodiadas por una reja y el cercano farallón de Puerto Rico y los restos romanos dispersos encontrados por arriba del hotel Don Miguel. Salvo por el reciente, interesante y concienzudo trabajo de Javier Soto sobre Puerto Rico, pasan los años sin que avancemos un ápice.

Continuemos hacia el oeste, ¡vaya lío mediático se formó con la alquería andalusí de Nagüeles!, la necrópolis fue destruida al abrir una calle, donde estaba el poblado existe un aparcamiento, de la atalaya ya no queda prácticamente nada. Nunca se estudió, nada se hizo.


Algo más se consiguió con Cerro Colorado, además de certificar la destrucción de la fortaleza prerromana desmochando el cerro por completo por supuesto para urbanizarlo. Se pudo realizar una prospección en sus laderas que tuvo como resultado un fantástico tesoro de monedas que actualmente lucen espléndidas en el museo de Málaga. A toda prisa la zona se declaró BIC a pesar que muchos años antes se conocía su existencia.





Un caso curioso y que pasó desapercibido en comparación con el ataque contra la Medusa de la villa romana de Río Verde fue el de la destrucción de su entorno. Una mañana, una llamada me avisaba que una máquina excavadora lo estaba arrasando, que incluso uno de sus muros y la valla se había visto afectada. Resultó que nuestra denuncia fue archivada por el juzgado, todo era legal porque solo estaba protegido lo que era de muros hacia dentro. Muy amable la dueña del inmueble donde se realizaban las obras me llamaba por teléfono para decirme que ella estaba pendiente por si aparecía algo. Con el tiempo alguien se dio cuenta del grave error administrativo y se protegió toda la urbanización, cuando ya estaba prácticamente urbanizado y por supuesto destruido. Un día me enseñaron una fotografía de un bello busto encontrado en la urbanización que está en manos privadas ¿sabemos en realidad lo que hemos perdido?

Hay muchos más ejemplos, todos vinculados a la incompetencia, desidia y negligencia, casi siempre con motivo de promociones inmobiliarias. Estremece imaginar todo lo que hemos perdido en el casco antiguo, aunque frente a la vorágine de destrucción siempre hubo ciudadanos comprometidos que avisaban en cuanto veían algo, que ejercían de vigilantes cuando nadie desde el ayuntamiento movía un dedo.

Marbella siempre ha mirado con recelo la arqueología, tenemos incrustado en nuestro acervo que nada ni nadie debe entorpecer la creación de riqueza, cuando la riqueza la teníamos en el subsuelo. Lo de esta ciudad es un caso singular, teníamos patrimonio arqueológico abundante y de calidad, algo que ya quisieran para sí muchas ciudades y nos hemos dedicado a dilapidar ese patrimonio, a quedarnos con varios yacimientos que al menos podían estar bien conservados.

Recuerdo cuando en los años 90 reivindicábamos la creación de un parque arqueológico en los restos de la Basílica de Vega del Mar incluyendo la población que había a su alrededor y los depósitos de garum cercanos, pero como sucedía con la villa romana solo estaba protegido el perímetro de la basílica lo que permitió la construcción alrededor (lo mismo ha pasado con las Bóvedas) en lo que probablemente habría sido uno de los yacimientos arqueológicos más valiosos de Andalucía. Hoy de lo que se habla es de merenderos, más excavadoras y mucha ineptitud política.

Dedicado a todos esos arqueólogos de vocación que participaron en la salvación de lo que se pudo. 

Marbella les debe mucho.

jueves, 8 de febrero de 2018

Un tren que viene de lejos





Tiene una pesada carga de promesas incumplidas, es lento, llega siempre con retraso, acumula fracasos, es imposible de imaginar, nunca lo conocimos, podemos suponerlo fugaz, fantasmagórico, recorriendo la línea de costa, con vistas a la playa, abarrotado de políticos que alguna vez lo prometieron, esos que insistieron durante tanto tiempo que algún día llegaría.
Un día perdimos ese tren, no lo vimos pasar por la estación soñada pero insisten que no desesperemos, que nuestra paciencia hermana de la resignación y prima de la incredulidad es solo el resultado de una pérdida de fe temporal, que algún día pasará, que esperar más de 150 años no es tanto, que estas obras no se hacen de un día para otro, que precisa de estudios previos, creación de comisiones, aprobaciones varias, proyectos, reforma de proyectos, rectificaciones, concesiones, subvenciones y más de siglo y medio no es nada comparable con el ingente trabajo de la administración que tanto, y siempre, vela por el bienestar de los ciudadanos.
Me refiero a ese objeto abstracto llamado tren de la Costa que todo el mundo predice y nadie conoce, cuya línea se ha dibujado sobre plano cientos de veces, con sus andenes y estaciones que nos iba a comunicar con toda España al enlazar con Málaga por levante y con Cádiz por poniente, ahora prometen que esta vez va en serio y así desde 1864, fecha en la que la Comisión de Ingenieros del Estado elaboró por primera vez un trazado de línea ferroviaria litoral que uniría Málaga y Cádiz que se incluyó por primera vez en la Ley de 2 de julio de 1870, proyecto fallido porque las cortes se disolvieron en 1872 justo cuando Ángel Carvajal y Fernández de Córdoba, marqués de Sardoal defendía en el Senado su creación. Un año después se aprueba una nueva ley, la de 7 de marzo de 1873, defendida por el senador Narciso Salabert y Pinedo, marqués de Torrecilla, con la misma línea.
No fue hasta 1878 cuando se aprobó la concesión para explotación del tren litoral entre Málaga y Campamento (La línea de la Concepción) a José Casado Sánchez, ¡por fin íbamos a tener un tren!, pero diferentes problemas financieros y administrativos retrasaron su ejecución hasta la paralización total cuando apenas se había construido un kilómetro y en 1906 fue declarada la caducidad de la concesión.  Datos que desgrana Carlos Castellón Serrano en su trabajo “Otros ferrocarriles en Málaga”.
Mientras por toda la península se construían y estaban en pleno funcionamiento miles de kilómetros de vías férreas, en Marbella habíamos perdido el tren y quizás ya para siempre. Marbella, la de pujante minería, la industrial de magníficos y pionero altos hornos, que tenía que embarcar el mineral para transportarlo, se quedaba aislada y menos mal que por aquellos años se construía esa carretera que se aplanaba tan despacio que en 1887 José Ortega Munilla se quejaba Para ir de Málaga a Marbella es preciso pedir a las naves su hélice o a los gamos su agilidad y ligereza. Porque la carretera no está terminada ni lleva trazas de estarlo, y las diligencias que salen todos los días de Málaga constituyen más que una empresa industrial, una empresa heroica.
Una nueva ley, la 3 de 1908, volvía a plantear la línea de Málaga a San Fernando, incluso se inició la expropiación de los terrenos en Marbella entre 1909 y 1915 pero en 1929 solo se había ejecutado el tramo entre Málaga y Fuengirola. Años en los que Ramiro Campos Turmo soñaba en un Circuito andaluz de turismo donde su Costabella estuviera bien comunicada por ferrocarril, algo que consideraba imprescindible.
En los años 40 el franquismo procedió a la nacionalización de la red ferroviaria española, anticuada y en manos privadas. Con la creación de RENFE, su principal propósito fue el de renovar lo que estaba en mal estado antes que construir nuevas líneas, incluso un informe del Banco Mundial de 1962 sobre la economía española recomendaba centrar los esfuerzos en mantener las líneas existentes.
Marbella, nuevo y floreciente centro turístico internacional quedaba fuera otra vez, de hecho, ya no nos gustaba tanto la idea, bueno, al menos a promotores como Alfonso de Hohenlohe como se ha encargado de recordar Ana María Rubia Osorio en su tesis doctoral sobre el primer franquismo en Marbella. En aquellos tiempos no queríamos ya ni tren ni autopista con la justificación de la posible pérdida de exclusividad de nuestro turismo tan aristocrático.
Dejó de hablarse del ferrocarril hasta que ya con la democracia algún político debió pensar que prometer de nuevo la llegada del tren tenía su rentabilidad… política, idea a la que inmediatamente se sumaron otros políticos para no perder el tren de las tendencias y se crearon plataformas y anteproyectos, estudios de viabilidad, comisiones, pequeñas partidas presupuestarias, rectificados, exclusiones e inclusiones en planes de ordenación, que si AVE que si cercanías, que si lo ponemos en la 340 o en la autopista. 
De vez en cuando nos olvidamos del tema hasta que alguien nos recuerda esa promesa merecedora de entrar en el libro Guinnes de los récords como la más prometida a la vez que la más incumplida.