Retazos de historia de Marbella
publicados en el diario Marbella Express
y otras reflexiones

jueves, 27 de mayo de 2010

Ese trágico sentimiento




Fueron tiempos de crisis material y espiritual. Los castellanos, a finales del siglo XVI, sufrían inseguridad, epidemias, desconfiaban de la justicia, de los gobernantes. La derrota de la Armada Invencible inoculó un sentimiento de tragedia. Las adversidades mudaron el ánimo, el pesimismo llenó las calles de nihilistas, resignados, desengañados y escépticos rodeados de decadencia que se encomendaban a la Divina Providencia.

Jerónimo Castillo de Bobadilla había publicado en 1597 “Política para corregidores”, compendio práctico de gobierno, obra de referencia sobre política y justicia de gran éxito y difusión hasta el siglo XVIII. El autor conocía muy bien los entresijos de la administración pública española, tanto que llegó a escribir que "pocos ayuntamientos hay donde no haya regidores aprovechando". Era consciente de la magnitud del problema de la corrupción, pero sus consejos no iban dirigidos a paliar la arbitrariedad de los regidores, que parecía asumida, sino a divulgar una forma de gobierno: impulsar las obras públicas, adecentar los caminos, la limpieza de las calles o la gestión de caudales, “que el Corregidor procure que la ciudad tenga salariado algún buen maestro de obras con un pequeño salario, porque es oficio público y muy necesario”.

El libro IV incluye lo sucedido en Marbella sobre la problemática creada en los conflictos de jurisdicción entre el poder civil y militar en lo tocante a los corregidores de frontera con el encabezamiento “Traslado de la consulta y auto que salió en el negocio de la ciudad de Marbella con el capitán Gaspar de Alarcón y consortes”. Pretendía dilucidar qué justicia era la competente en los casos de delitos cometidos por el ejército. “Dice Marbella que es tanta la libertad de los vecinos con nombre y títulos de soldados, que el lugar está de ordinario alborotado, y por ser pequeño, todos quieren ser soldados; de que cada día se siguen inconvenientes y desasosiegos”.




Los problemas de Marbella habían comenzado en 1508 debido a los excesos de cincuenta lanzas y cien peones aposentados intramuros que no se sometían a la autoridad del corregidor, la carta al rey denota angustia con apelaciones a su “real conciencia”. Seis años después se dictó una provisión del Consejo de Castilla en el que se otorgaba la ansiada jurisdicción al corregidor. Muchos marbellenses se habían mudado a Estepona ante la inseguridad reinante.

El problema, que había remitido con los años, regresó con la militarización de la ciudad por la rebelión de los Moriscos de los pueblos del interior. A los peligros de la revuelta se sumaban los excesos de la soldadesca. Se produjeron hechos delictivos, abusos contra una población civil indefensa cuyo sentimiento de fatalidad tuvo repercusiones en el devenir de la ciudad. El capitán de Marbella reclamaba potestad para juzgar los delitos cometidos por Juan López, porque estando preso por palabras dichas a otro vecino, quebrantó la cárcel y resistió al alguacil que le quería volver a prender; contra Damián Hernández por heridas que dio a su mujer; contra Pedro Hernández Ahumada, por querella de Benito Hernández, que lo halló con su mujer y se llevó muchos bienes; contra Alonso Sánchez por hurtos; contra Pedro de la Torre porque arrebató al alguacil unos gitanos que llevaba presos “y otros muchos procesos presentados contra vecinos soldados, de delitos que han cometido enormes y resistencia y herida de alguacil”. El Capitán afirmaba que los castigos los aplicaba él, el corregidor porfiaba por lo contrario. Fue el 14 de mayo de 1587, trece años después, cuando el Consejo de Castilla inclinó la balanza a favor del poder civil. Los más perjudicados fueron los ciudadanos.




Es difícil predecir una crisis, pero aún mayor dificultad tiene controlar su evolución y adivinar su final. Pese a la distancia en el tiempo y a la diferencia en las circunstancias que rodean a nuestra depresión económica actual, suelen coincidir ambientes y ánimos, insensatos apocalípticos, trágicos alarmistas, agoreros oportunistas y nihilistas opositores. Frente a éstos, los gobernantes piden sacrificios a la vez que se muestran como impostados optimistas, ufanos por un prometedor futuro que no llega. Ahora, la Divina Providencia se materializa en terrenal prestación por desempleo, los abusos son siempre protagonizados por civiles. Con el tiempo cambiarán tribunales y gobernantes que volverán a pugnar por sus competencias. La Armada Invencible se la jugará en Sudáfrica con otras potencias mundiales, mientras un millón de visitantes llenarán, por San Bernabé, la feria de jolgorio sin dudas sobre su jurisdicción y muchos marbellenses, abrumados por sus excesos, buscarán refugio en otras ciudades.

Los estados de ánimo, tan volubles como predecibles, tornarán optimistas. Siempre ha sido así, hasta la próxima.

sábado, 22 de mayo de 2010

Sociedad Amigos de Marbella

Nuestro buen amigo Tico Martín envía un documento digitalizado de lo que parece ser una hoja de propaganda o un folio con membrete de la Sociedad Amigos de Marbella.
Gracias.

Para ampliar la imagen pincha sobre ella.









jueves, 20 de mayo de 2010

Ciudadanos anónimos




Es una expresión desafortunada. Una frase hecha que refiere la existencia de una forma de clase social no adscrita ni catalogada. Una especie de especie en vías de extinción. Un "rara avis" dentro de esta fauna contemporánea, que se compone en general de ciudadanos filántropos, que forman parte de asociaciones, colectivos, cofradías, partidos políticos u oenegés, que de todo hay. Los anónimos son considerados como tales porque carecen de nombre, por tanto de relevancia social, pero son buenos ciudadanos, acaso los mejores.

Las alarmas de la incomodidad política se disparan cuando estos anónimos aúnan esfuerzos, adquieren condición de grupo y reivindican. Son ciudadanos que no guardan disciplina de voto, ni se someten a partidos políticos que los expulsan al menor atisbo de crítica, sólo parecen obedecer a su conciencia y comparten lucha o trabajos solidarios con otros anónimos ciudadanos. Se mueven por impulsos y llegan a ser calificados en el peor de los casos, cuando están relacionados con motines o revueltas sociales, como "turbas enfurecidas", o "elementos incontrolables". Los gobernantes los temen, porque no son de los suyos –cuando no son de los suyos-, en realidad no son de nadie o de todos.




En Marbella abundan, forman parte de lo que en la actualidad se conoce como tejido asociativo. Lo forman pretendientes de fama, hastiados urbanos, irreductibles inconformistas, voluntariosos benefactores, asalariados de su ética y utópicos aún convencidos. Sobresalen por su voluntad y altruismo y componen un variopinto paisanaje de actividades, defensas, devociones y promociones.

Estas agrupaciones cívicas surgen en nuestra ciudad en los años veinte del siglo XX, gracias a la iniciativa del Capitán del Cuerpo de Carabineros Enrique del Castillo y Pez, que dejó su impronta y por tanto quedó excluido de su anonimato. Durante los tres años que residió en Marbella pudo crear la Asociación de Amigos de Marbella y la Sociedad Recreativa del Casino. Frente a estas asociaciones de carácter oligárquico, fue fundada en 1930 la Sociedad Cultural Recreativa que propugnaba el fomento de la cultura general del individuo. Más populares y menos culturales fueron la sociedad de Cazadores, la de la Juventud y la de Bailes y Deportes. Un parco panorama que se justifica si atendemos a lo que escribía Ramiro Campos Turmo en 1928 sobre la comarca: “Estos pueblos viven con el mínimo de vitalidad: la imprescindible para no morirse”.



El Franquismo dio pocas oportunidades de asociación más que aquellas que fomentaban el Espíritu Nacional y salvo excepciones como la del club juvenil parroquial Ronro escasearon propuestas sociales o culturales. Fue con la consolidación turística de la ciudad cuando surgieron renovados impulsos asociativos entre los que destaca los Amigos de la Música o el desaparecido Marbella Cineclub.

La democracia trajo la eclosión del asociacionismo. Marbella es participativa. Ecologistas, ornitólogos, defensores del teatro, difusores de la cultura, patrimonialistas de la historia, foro cofrade, floricultores, espiritualistas del más allá, amantes de la música, amigos del órgano del Sol Mayor, ateneístas, corales, amigos del Museo del Grabado, diletantes de la gastronomía, del vino, del aceite; clubes internacionales, centros de iniciativas turísticas y empresariales, vecinales asociaciones de barrio, excursionistas, senderistas, scouts, Mujeres en las Veredas, comerciantes, amigos de los animales abandonados, de ayuda a los desfavorecidos, peñas flamencas, agrupaciones deportivas, de enfermedades varias, protectores de una duna o del pecho de unas cuevas. Es difícil cuantificar cuántos anónimos ciudadanos participan, ¿cientos? Quizá miles, todos dignos de admiración. No utilizan coche oficial, trabajan sin sueldo, dietas o móvil corporativo. No tienen asesores ni personal de confianza. Huyen de los protagonismos mediáticos, suelen partirse el alma en su objetivo y su única retribución es sentirse útiles o la de percibir una mirada de agradecimiento. Los más contestatarios se asocian por las carencias, incompetencias o deficitarias gestiones de nuestros gobernantes. Siempre piden respuestas y muchos no alcanzan a escuchar más que un eco lejano.



Esta reflexión viene a cuento por un hecho insólito que ha sucedido en Marbella. Bajo la dirección de la Asociación Cilniana se ha procedido a la limpieza y desbroce de más de doscientos metros cuadrados de un complejo minero que explotaba plomo a mediados del siglo XIX. Durante tres meses, unos pocos esforzados ciudadanos ejemplares se han afanado en recuperar las ruinas semiocultas de esta factoría en un paraje agreste, de marbellense hermosura, que se llama Buenavista al que se accede desde el bosque de Nagüeles siguiendo el curso del arroyo de las Piedras.

Ahora lo ofrecen al pueblo de Marbella, para su disfrute y conocimiento, sin esperar ningún reconocimiento, al menos oficial. Vayan a visitarlo, no lo duden, es la mejor recompensa.


jueves, 13 de mayo de 2010

Malibú



Un paisaje es un libro abierto, un muestrario fiel de lo que fue y de lo que es, del paso de los años y de las actividades del hombre, de su fortuna y desventuras. En una sola mirada el relato de lo sucedido puede leerse en sus edificios y calles, del mismo modo pueden entreverse sus heridas y contiendas, las de la especulación y las del urbanismo depredador. La urbanización El Rodeo fue campo de batalla, unos apostaban por el paisaje tradicional, por la convivencia en armonía con un entorno sensible, otros ambicionaban sus cuantiosas plusvalías.

Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey, inauguró en 1946 un exótico y encantador establecimiento hotelero, La Venta y Albergues del Rodeo. Comenzó a parcelar el terreno circundante y entre las condiciones de venta obligaba a la construcción de viviendas de no más de dos plantas, exteriores encalados y rejas pintadas de negro. Intentaba crear una uniformidad estilística basada en una idea superficial de la arquitectura popular andaluza.


En los Cincuenta Edgar Neville compró a Soriano una vivienda en primera línea de playa de la urbanización. La llamó Malibú. Segregó una parcela de su finca y se la vendió al bailarín José Costanzo Greco “El Greco”. El arquitecto Eduardo Ramos había captado el esfuerzo por establecer un andalucismo arquitectónico: “Se compone la edificación con elementos típicamente andaluces clásicos, dando exteriormente el aspecto del típico cortijo de la Andalucía interior”. La vivienda fue bautizada como Torre del Greco.

El Greco Pretendía convertir un inmueble del centro de Marbella en Conservatorio de música y danza, pero ante las dificultades administrativas adquirió terrenos colindantes con su finca para establecer “los estudios de las diversas asignaturas que constituyen las actividades de enseñanza y a tal efecto se proyecta iniciar en breve la construcción de dicha academia, que comprende estudios, club y escenario de manifestaciones artísticas y culturales”. Todo indica que su propuesta no cayó en el olvido porque en 1971 el productor cinematográfico de Madrid Film Lab, Enrique Blanco Arroyo solicitaba licencia para edificar un estudio de baile en la finca El Rancho junto al hotel, visado por el arquitecto Enrique Nuere.

Tras el fallecimiento de Neville, su compañera Conchita Montes vendió Malibú a Sean Connery. En los inicios de los años setenta las circunstancias turísticas habían cambiado, el Estilo Internacional de grandes y homogéneos bloques comenzaba a ocupar las mejores parcelas al sur de la carretera nacional, pero la urbanización El Rodeo aguantó el envite.




A poniente de Malibú, en 1961, Antonio Ruiz Soler “Antonio el bailarín” solicitaba licencia para la construcción de “El Martinete”. El proyecto, firmado por Casto Fernández Shaw, era una fantasía y para Antonio D. Olano no pasó desapercibido: “Toda la barroca decoración lleva la impronta de su propietario”. La vivienda gira en torno a un patio interior de columnas con fuente central y otro exterior circular, actualmente rectangular, que rodea a la piscina. En el suelo, con azulejos, reprodujo un dibujo que Pablo Picasso le había dedicado en octubre de 1961 y un retrato que en 1957 Jean Cocteau le hizo “Un feu qui j’acharne a mourir pour revaibre c’est le style flamenco”. Según afirmaba el artista en 1970 en una entrevista en la revista Lookout, él mismo había diseñado la vivienda: “La casa, que tardó dos años en construirse, es como una Alhambra en miniatura, con puertas antiguas, pilares de mármol negro, blanco y rosa y vigas de madera de castaño en el techo, las cuales se inclinan para encontrarse con las paredes blancas. Ventanas francesas conducen al patio con su fuente y en todas partes hay pinturas. La terraza que da al exterior, en mármol negro, blanco y azul, tiene vistas sobre un jardín árabe que, a un nivel inferior, da a su sala de entrenamiento”.


El palacete de Antonio, reformado en los Noventa, subsiste rodeado de edificios en un entorno degradado, La finca Malibú de Sean Connery fue vendida y demolida la vivienda para edificar un gran conjunto en primera línea de playa. El asunto se encuentra sub iúdice, la operación policial se titula Goldfinger, la acusación ha cuantificado un daño económico a las arcas municipales de 2.775.000 euros, eso, si se prueba algún día, podría ser reparado pero nunca la destrucción de su paisaje histórico.

Cuando Marbella decidió prescindir del arte en aras del contante y sonante dinero, también desterró la sensibilidad y el amor por las pequeñas cosas. En lugar de proteger su historia, maltrató a los pioneros, derogó las sensaciones que emanaban del paisaje, renegó de su ingenua belleza en pro de la anónima grosería hormigonada y propugnó la agresividad urbanística abandonando el exquisito placer de recrearse en la sensualidad de su arquitectura más íntima y personal.


jueves, 6 de mayo de 2010

Un pueblo andaluz de artistas



“El pueblo se sitúa a la izquierda de la carretera que va de Málaga a Algeciras, cerca de Torremolinos y Marbella, sobre terrenos donde los agricultores descubren mosaicos y ciudades romanas a orillas del mar. A lo lejos ondula la cadena malva de estas montañas radioactivas de las que se dice que su suelo debe ser asombrosamente rico. Dos años bastan para que las flores y los árboles salgan como de un sombrero de un prestidigitador. Las casas próximas al Hotel Cortijo Blanco están destinadas a los artistas, pagaderas en tres años y aunque yo repudio estas aglomeraciones de soledades, me maravilla el entusiasmo con que se trabaja y conserva el estilo andaluz de gracia modesta y que se inspira en el antiguo barrio de Sevilla inaccesible a las máquinas a causa de sus estrechas calles”. La descripción está incluida en “Le Cordon umbilical”, obra finalizada en Marbella en octubre de 1961, de Jean Cocteau. Artista polifacético, siempre buscaba nuevos retos y un conjunto para artistas le resultaba atractivo. Lo había convencido Ana de Pombo: “Cuando me contó el proyecto de un pueblo andaluz de artistas decidía, de pleno acuerdo con Ana de Pombo, poner mis paneles en una sala construida a este fin en la Plaza Mayor, a la que los arquitectos hicieron el honor de dar mi nombre”.

Eran los terrenos de la urbanización Guadaiza en los que el promotor Miguel García Rico, médico de origen sevillano y productor cinematográfico había puesto todo su empeño para conseguir un lugar de veraneo diferente, destinado a la élite del arte. Su construcción había comenzado en 1959 con diferentes tipos de chalets diseñados por el estudio madrileño de Canosa Arquitectos y continuado por el arquitecto Juan Fernández-Yáñez Ozores desde 1962. En 1963 había finalizado la construcción de 60 viviendas.




Una relación de parcelas fechada en 1962 aporta la nómina de un llamativo elenco de propietarios. La mayoría no han podido ser identificados al aparecer nombres de terceras personas menos conocidas, con todo la labor de investigación ha dado, parcialmente, buenos resultados. Entre los personajes más conocidos el director, productor y guionista de cine Benito Perojo, el decorador Pepe Carleton, el humorista gráfico Antonio Mingote, la actriz Conchita Montes pareja de Edgar Neville que aprovechó un pregón de la Semana del Sol para publicitar el proyecto; el actor argentino Pedro Jorge Rigato, más conocido por Georges Rigaud, que acababa de protagonizar el papel de San Valentín en “El día de los enamorados”; el francés Jean Pierre-Jorris, los productores Arturo Marcos Tejedor, Roberto Roberts Tames y Jaime Prades Guardiola; los actores Julio Peña, Alberto Closas, Isabel Garcés, el empresario y productor Federico Platard, el también productor y anticuario Adolfo Arenaza Basanta, dueño de Hércules Film; el crítico de flamenco y productor discográfico Antonio Corcobado Arroyo; el pintor constructivista Luis Caruncho, el surrealista José Caballero con su casa “La Encalada”; los Calleja, herederos propietarios de la famosa editorial que publicaba los cuentos de Calleja, incluso una propiedad estaba a nombre de la productora cinematográfica Rosa Film.

También hubo otros compradores que si bien no formaban parte del mundillo artístico, sí lo querían bien cerca. Destacan los nombres de Jaime Urzáiz, vinculado al mundo de la comunicación; el empresario Jacques Hachuel, Luis Soto Domecq y la sociedad Zoilo Ruiz Mateos.



Sin embargo lo que parecía ser el inicio de un Hollywood marbellense, una andaluza meca del cine, sede de inspiraciones, libertades, musas y artisticidad, topó con nuestras realidades urbanísticas, las de entonces y las de ahora, especulación, aumento de la densidad, reducción del tamaño de los viales, desorden en la planificación. El Ayuntamiento estaba escandalizado: “Ante la anarquía con que dicha sociedad ha urbanizado y construido, se han levantado numerosas actas de inspección”. La promotora, además, pretendía que las 60 viviendas fueran incluidas dentro de las catalogadas como de renta limitada y veinte de ellas también subvencionadas acogiéndose a la legislación vigente, pero el expediente fue archivado. Eran casitas muy simples en cuanto a su traza basada en el estilo andaluz, pero de ahí a que pudieran acogerse a las ventajas de la renta limitada rozaba el insulto.

La Ciudad de los Artistas había sucumbido ante el empuje inmobiliario, trocando en hotel “Pueblo Andaluz” más rentable aún sin los paneles de Cocteau. Los artistas, que habían dado caché, publicidad y sentido a esta utópica ciudad, quedaron ubicados en la urbanización, un anodino conjunto como tantos otros que se construían en Marbella en aquellos años.