Retazos de historia de Marbella
y otras reflexiones

lunes, 14 de mayo de 2018

Cuando las tropas castellanas comieron palmitos y “yervas”





Lo narra Fernando del Pulgar en su Crónica de los Reyes Católicos. Acababan de conquistar Marbella y se dirigían a Fuengirola: “…en estos días la gente de la hueste reçibía grand fatiga, así del cansançio grande por la continaçión de los caminos asperos e trabajosos, como porque falleçieron los mantenimientos; e padeçieron tan grande hanbre, que no tenían los omes ni los cauallos otra cosa saluo palmitos e yervas, porque los bastimentos que se enviaron por la mar, con los vientos contrarios, no pudieron llegar a tiempo que pudiesen aprovechar”.

La rendición de Marbella, el triunfo y la euforia, se vieron ensombrecidos por el hambre que pasaron. La Tierra de Marbella, asolada, no podía ofrecerles un mínimo vital para sobrevivir. Había fallado la logística de la guerra, los alimentos se quedaron en un barco y por unos “vientos contrarios”, probablemente de levante, no pudo llegar a tiempo. Habían calculado mal los víveres necesarios cuando a principios del mes de junio estaban en Antequera: “mandó a la gente hiziesen talegas por quinze días e quel artillería quedase con gran guarda de gentes de cauallo e peones en los prados de Antequera; y él con toda la hueste fue a la çibdat de Marbella”.




El Rey Fernando sabía que necesitaba ayuda para el mantenimiento de su ejército, que las tierras de moros que iba conquistando habían sido abandonadas tiempo atrás, por ello y gracias a dos cartas que se conservan en el Archivo Municipal de Jerez de la Frontera, publicados y transcritos por Juan Abellán Pérez, conocemos las gestiones del rey y la reina para evitarlo. la primera de 7 de junio de 1485 se dirigía al concejo de Jerez, el rey estaba en el real de Arcos de la Frontera camino de Marbella tras descartar el paso desde Ronda por la dificultad de tránsito. Agradecía la ayuda prestada pero les exigía un esfuerzo más: “…porque con el ayuda de Dios Nuestro Señor yo voy el camino de Marvella e creo que seran neçesarios muchos mas mantenimientos de aquellos que estan proveydos e de aquellos que se pesar que eran neçesarios fasta aqui e para proveymiento del real que sobre aquella villa ha de aver no se espera otro ningund bastimento de otra ninguna parte, salvo el que desa çibdad fuere…”

Exigía que fuera rápido, posiblemente porque ya notaban las carencias o porque consideraba inminente la conquista de Marbella y que se enviara por mar: “…lo mas presto que ser pueda se carguen por la mar todo el mas mantenimiento de harina e çevada e vino que fuere posyble de la propia hazienda de los vezinos de esa çibdad porque segund los muchos mantenimientos son menester muchos quel dicho mi tesorero enbie todavia es muy neçesarios que de los vezinos desa çibdad sea proveydo…”. La carga debía hacerse desde Puerto Real, cruzar el Estrecho de Gibraltar y adentrarse en aguas del Reino de Granada y todo en cuatro días.




El barco no llegó y las tropas asentadas primero en el entorno del Río Real, el llamado Sitio del Real y después en el Real de Zaragoza en el camino a Fuengirola, comenzaron a sentir el desabastecimiento, el Rey decidió no continuar hacia Málaga y parar la guerra desviándose hacia el norte por Álora. La Reina Isabel desde Córdoba intervino enviando los abastecimientos a Antequera: “La Reyna, como mandó yr las reçuas de los mantenimientos por tierra para bastimiento del real (de Antequera), bien asy envió mandar a sus oficiales que tenía puestos en los puertos de la mar que enviasen a la çibdat de Marbella trigo e vino e mantenimientos, e todas las otras cosas necesarias para proueymiento de aquella çibdat”.

La preocupación no era solo por las tropas sino también por la guarnición que dejó en Marbella. De hecho, en la segunda de las cartas, fechada el cuatro de julio, 23 días después de la entrada en la ciudad, la reina pedía de nuevo ayuda al concejo de Jerez: “…que la çibdad de Marvella que a menester de ser proveyda, mandamos a vos que dexedes en ella todo el trigo e çevada que alla teneys e de la harina mill fanegas, e todo ello lo entreguedes a la persona que en la dicha çibdad tiene cargo de reçebir los mantenimientos…”, como contraprestación les ofrecía la posibilidad de vender el sobrante de la carga en la ciudad o en cualquier otra ciudad de su reino y señoríos.






Hace algunos años aún se veía por las calles de Marbella a vendedores ambulantes vendiendo palmichas, había cierta afición a arrancar las palmiteras para consumir esa raíz dulce y delicada. Hace tiempo que se prohibió su extracción, que quede el recuerdo que sirvieron para alimentar a un ejército.


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