miércoles, 22 de enero de 2020

LOS ALMIZCATES DEL CASCO ANTIGUO


Almizcate entre calle Buitrago y San Lázaro

Trascribía un documento de principios del XVII cuando una palabra me hizo agudizar la vista. La releí varias veces y en principio entendí almizate pero no era el contexto para un techo de madera labrada. Varias líneas después volvía a aparecer y en esta ocasión no tuve dudas, era almizcate.
La recordaba vagamente pero no sabía exactamente a qué se refería, era la primera vez que, después de tantos años de investigación, supe de su existencia en Marbella. Se mencionaba en una descripción urbana, en un pleito de lindes y propiedades por lo que tuve que rebuscar en diccionarios antiguos y contemporáneos; Covarrubias en su Tesoro de 1611 no lo incluye, el actual DRAE tampoco. Mi curiosidad aumentaba a la par que el vacío de su existencia.



Por fin, en ese espacio infinito de internet, encontré la palabreja y su etimología en un portal chileno del habla hispana que explica que es palabra muy antigua, de origen árabe que se usa en Andalucía Occidental y que se define como un espacio generalmente estrecho que queda entre dos casas que están adosadas y que recorre todo el largo lateral entre ambas casas desde la calle de la fachada hasta la calle posterior. Abunda la explicación en los detalles técnicos: “Muy a menudo el almizcate está abierto como un callejón, permitiendo el paso entre las dos calles, pero algunas veces se cierran con un tabique que solo deja pasar las aguas por una abertura inferior, porque el sentido de los almizcates era antiguamente ese precisamente, dejar colar las aguas de lluvia entre las casas”.


Ya tenía material para trabajar. No es una calle, ni siquiera una calleja, es un espacio de luz, agua y aire entre casas o medianería, tan estrecho que no llega a alcanzar la categoría de calle, casi ninguna tiene nombre, no suelen tener puertas y las ventanas escasean, son los almizcates, tan extinguidos como su nombre que fue borrado del diccionario de la Real Academia en 1992.
Después supe que, además de esos menguados pasillos, en ocasiones se configuraban como patios traseros, más anchos y abiertos. El almizcate toma formas variadas y no estaba sujeto a una fisonomía determinada, más bien a un uso, a una práctica arquitectónica para mejorar la salubridad de las viviendas. En algún glosario de arquitectura se amplía su definición a patio o calle de solo paso para transeúntes entre dos fincas urbanas. Proporciona ventilación y luz a las casas y aposentos adyacentes, además de facilitar atajos para el tránsito de personas y el acceso a instalaciones que requieren atención o mantenimiento.


Los almizcates podían estar abiertos como pequeños pasos, callejones o callejas que no cumplían con el ancho habitual de una calle; cerrados como espacio abierto entre inmuebles o con la muralla de la ciudad, o parcialmente abiertos a modo de adarve. Es difícil identificarlos, el paso del tiempo ha desvirtuado su función aunque algunos pueden adivinarse por las referencias documentales a callejón cerrado, calleja, pasillo del muro o calle angosta sin salida. Todavía queda en Andalucía su recuerdo con la calle del Almizcate en Sanlúcar de Barrameda y otra en Vejer de la Frontera.

Almizcate entre calle Pantaleón y Valdés, actual calle Mariquita Cuevas

En Marbella sobrevive alguno, al menos dos abiertos, el primero el que sirve de paso entre la plaza de la Victoria y la calle Buitrago, el vial más estrecho y anónimo del Casco Antiguo; el segundo el que permite el acceso desde la calle Pantaleón a la de Valdés, al que recientemente se le otorgó el nombre de Mariquita Cuevas, que en los documentos antiguos al no tener nombre se nombraba como la calleja angosta que va a la plazuela que llaman de don Pantaleón (Nazario Marmolejo), aunque también podría ser la que llamaban allá por el XVIII como la calle angosta que llaman de Bracho.
La dificultad de su identificación estriba en que callejas, callejuelas y calles angostas que pudieran ser candidatas a almizcates no son más que calles estrechas de un viario de reminiscencias andalusíes, abundantes en nuestro centro histórico pero no cumplen con la aplicación para la que se creaban los almizcates. No eran lugares para el paso aunque algunos sí cumplían este fin sobre todo de acceso a las puertas falsas, esto es la parte trasera de las viviendas.


Me atraía la posibilidad de encontrar alguno cerrado, perdido en la maraña de inmuebles intramuros, y la única manera de hacerlo era escudriñar una vista aérea con la ilusión de hallar algún almizcate, misión realmente difícil debido a la intensa y generalmente desafortunada renovación del caserío, a la desaparición de su función, su cubrición u ocupación. Y tras un breve vistazo he podido constatar la presencia de muchos, ya sea como almizcate estrecho y largo, ya como patio o patinillo trasero descentrado respecto a la vivienda y colindante a otra. Hay unos cuantos en el antiguo perímetro de las murallas que eran la servidumbre interior que se configuraba como un corredor, libre y desembarazado de edificaciones, que algunas veces se abría en una pequeña plaza, generalmente donde se situaba la escalerilla para acceder al pasillo de ronda y que debido a su demolición quedaron embutidos entre casas. En documentos podemos apreciar que, generalmente, las viviendas le daban la espalda a la muralla.


Donde mayor densidad hay es en el entorno de calle Álamo, Nueva y Valdés quizá la zona más andalusí de nuestra ciudad, donde se aglomeran los inmuebles sin apenas orden, un maravilloso caos con muchas historias por contar.



2 comentarios:

  1. Me apasiona pasear por Marbella y llevar a mis amigos de fuera a dar una vuelta conmigo. Gracias a personas como tú que escudriñan los legajos y el entorno, los demás podemos conocer el pasado. Cuando paso por las calles en la que vivieron mis antepasados me emociono y más sabiendo la historia que las rodea.

    ResponderEliminar
  2. En Sanlùcar de Barrameda son espacios estrechos que se dejaban entre bodegas contiguas para permitir la ventilación de las mismas en sentido transversal a la linde. Son espacios privados que constituyen una relación de medianería entre las bodegas colindantes, por lo que pertenecen a ambas fincas. En mi opinión, el almizcate - menuda desgracia que lo hayan exiliado del diccionario - es más un patio que un callejón, por su naturaleza privativa. Pero supongo que habría que preguntar a arabistas que aclaren el sentido etimológico de la palabra. Supongo que se referirá a un espacio estrecho, ya que es el común denominador de todas las afecciones. Bonito artículo!
     

    ResponderEliminar