Retazos de historia de Marbella
publicados en el diario Marbella Express
y otras reflexiones

sábado, 20 de noviembre de 2010

Quinta jornada en Los Monjes




Mañana gris, de esas que infunden tristezas, silencios y melancolías. La lluvia no ha querido importunarnos -es la segunda semana que espera hasta que terminemos- y hemos avanzado en el lateral oriental, el de los contrafuertes que se agarran profundos para no caer en el lecho del arroyo.


Está seco, ahora también limpio, y elucubramos sobre su belleza cuando el agua corra. Las zarzas nos han dejado como "ecce homos". Ha sido una lucha sin cuartel, con todas las armas dispuestas. Una sola se aparta, pero unidas son "enemigas" difíciles de batir, como suele ocurrir con Cilniana que para defender el patrimonio araña.


La visión del edificio ha mejorado tanto y el ruido mediático de nuestra campaña es tan sonoro que las visitas han crecido considerablemente. Mucha gente pasa, aunque sea solo para saludar. Saben de la actividad, nos conocen, envían mensajes de apoyo y nos reconforta.


En el descanso nos hemos reunido y ha surgido el tema de los orígenes, de los porqués y el cuando, algo difícil de dilucidar por su carácter popular y la escasez de fuentes escritas. Sabemos que a principios del XVI se instalaron en Marbella unos franciscanos de la familia de los Menores, observantes surgidos tras la General Reformación de 1517, defensores de la auténtica pobreza evangélica, como los describía en 1615 el cronista Juan de Santa María: “de hábitos cortos y estrechos y remendados de sacos… de andar descalzos el pie por tierra, en el guardar con grande extremo la pobreza y en procurar recogerse más, habitando de ordinario en lugares algo más apartados y solitarios”. 


¿Quién sabe si fueron ellos u otros, si estaba alguna orden religiosa detrás o fue resultado de la devoción popular? Estas ermitas son consideradas milagrosas, con propiedades curativas, "De los Remedios", se construían cercanas a una fuente (no hemos hallado ninguna y la más cercana, la de Calañas, está a más de un kilómetro de distancia). En ocasiones son hitos naturales (una gran peña por ejemplo) o algún hecho mítico sucedido en el lugar (una aparición). Nos quedan muchas incógnitas.



En este ambiente de alejamiento espiritual de los centros urbanos existen ermitas para vivir en soledad, despegados de los bienes mundanos, en la máxima pobreza, orando y haciendo penitencia, son los “desiertos” o “yermos santos”, espacios extremos, alejados del mundo civilizado, generalmente en lugares recónditos y agrestes, donde se desarrolla una vida espiritual tremendamente exigente.

Tan exigente como nuestra labor que avanza a buen ritmo. Terminamos agotados, también renovados en intenciones. Quedan pocas jornadas.

1 comentario:

  1. Hay que seguir desbrozando, hay que recuperar nuestro pasado.
    Saludos

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