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miércoles, 10 de febrero de 2010

La belleza de Costabella




“La ciudad de Marbella «abrigada por sus pinares, besada por su mar», según frase de un ilustre literato inglés, es sin duda alguna el sitio ideal para residencia lo mismo en invierno que en el estío. Su posición topográfica al cobijo de su pintoresca sierra, que la libra de los aires norteños, proporciónale una temperatura uniforme y deliciosa de constante primavera. Siempre produce este bello rincón de la provincia de Málaga una singular atracción de simpatía. Pero cuando después de haber visitado detenidamente toda la Costa Azul francesa y la Riviera italiana, hemos vuelto a estar en Marbella, nos damos cuenta aún más de la justeza que envuelve su otro nombre «Costabella» con el que ya es corriente designada. Porque ya no es solo su belleza la del mar, sino el primor, lo interesante y alegre de su costa y de su cielo”.

No es una descripción incluida en un libro de viajes, no es un folleto promocional turístico, tampoco una reseña periodística, es el texto que comienza la memoria de un proyecto municipal de alcantarillado, de Saneamiento y urbanización del “Arroyo de la Represa”. Lo firma un perito aparejador en septiembre de 1935, diez meses antes del estallido de la Guerra Civil. Es un documento extraño por la acusada lírica de la presentación de lo que iba a ser la construcción de una alcantarilla, cubierta por una bóveda, desde el Puente Málaga hasta el mar, con el objetivo de “evitar las charcas pestilentes que producen los dos arroyos que discurren por el casco urbano, constituyendo focos de infección y pestilencia”. A Víctor Hugo, en su novela Los Miserables, las cloacas de París le inspiraban un raro sentimiento estético. Escribió que la historia de las ciudades se refleja en sus cloacas y Marbella aún se reflejaba en las tan estrechas y ruinosas como legendarias cloacas romanas y andalusíes.

Podemos notar cierta influencia de las obras de Ramiro Campos Turmo y también de las del novelista Alberto Insúa como se encargó de resaltar el aparejador: “Marbella tiene paisajes difíciles de describir por pluma alguna; de ella han tratado muchos escritores, sobre todo extranjeros, y entre los nuestros el gran literato, honra de la novela española, Alberto Insúa, que prendado de sus encantos y agradecido a su clima la hizo ofrenda delicada, hace años, de los primores de su pluma en artículos y conferencias”.



La Guerra Civil impidió la ejecución del proyecto y no fue hasta 1964 cuando se retomó para que por fin, por primera vez en nuestra historia contemporánea tuviéramos una red de saneamiento digna. El embovedado propició la apertura de una calle, pomposamente calificada de avenida quizá para que su hermanamiento con la tunecina ciudad de Nabeul no quedara en desaire. Son otras alianzas de civilizaciones.

En este invierno de chuzos, asomado en la desembocadura del embovedado arroyo, recordaba las palabras de mi amigo Juan Antonio Iborra sobre los peligros de adentrarse en nuestra red de saneamiento, tales como los de cruzar ciertos umbrales del pasado. Presencio como el agua evacua con furia la historia de la ciudad e intento descubrir esas historias depuradas y filtradas, entre ellas que el turismo fue un invento anterior a la Guerra: “Su temperatura, aún más suave y constante que la de Málaga, unida al placer del viaje por la bellísima carretera de la Costa, prestan un doble interés a su visita, y es muy corriente que los turistas, sobre todo si son ingleses, «prendan» allí fijando su residencia estival o invernal en su ideal ámbito”.

Costabella fue a la belleza del paisaje lo que la Costa del Sol al turismo de masas. A la par que menguaba la primera denominación, el paisaje se deformaba y la belleza se sustituía por artificiales “typical spanish”, la costa se insolaba de riquezas, cegada por un resplandor dorado y tintineante.

En 1953, se atisbaba que Marbella no iba a ser dueña de su destino, que incluso nos estaban cambiando el nombre, como lo expresaban los munícipes un tanto alarmados por el inicio de una campaña desde Madrid, con artículos periodísticos de José María Pemán y Ramón Ledesma Miranda: “en relación con las denominaciones que se adjudican a nuestras costas, se debe hacer constar que las mismas ya tienen su nombre de antaño, cual es el de «Costabella», nombre propio que no se confunde con ningún otro de procedencia extranjera”. El Primer Teniente de Alcalde, Guillermo Alcalá López, propuso que la petición se hiciera llegar al Ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado, pero fue inútil, la maquinaria gubernamental engulló a las Costas del Sol de Estoril, Almería, Granada y Benicarló, para convertir la nuestra en la más soleada de las costas, con el sol de cara y la Falange detrás.